Trampas de la paronimia
En una nota de opinión aparecida el martes 10, se pudo leer lo siguiente: «Cualquiera de nosotros puede entender que es necesario modificar el programa en tal o cual aspecto; lo que no podemos hacer es abrogarnos el derecho a hacerlo motu proprio».
Se trata de un caso flagrante de paronimia traicionera. Me permito recordarles a los lectores qué quiere decir paronimia: se dice que dos o más vocablos son parónimos cuando guardan entre sí relación o semejanza, o por su etimología o solamente por su forma o sonido. Por ejemplo, infligir e infringir son parónimos en razón de que exhiben diferencias fónicas (y gráficas) apenas perceptibles. Ojo, no confundir con los homónimos (palabras idénticas para designar cosas diferentes, como es el caso de pío, que puede ser tanto la voz del pollo cuanto el adjetivo piadoso), ni con los homófonos (palabras que suenan igual al oído pero tienen significados diferentes y pueden exhibir diferencias gráficas, tal el caso de vaca y baca).
Cualquiera de estas variantes puede ser responsable de temibles confusiones semánticas o de sinsentidos desconcertantes.
Hecha esta aclaración, vayamos al asunto que nos convoca. Veamos. Quien redactó el texto cuestionado parece que confundió abrogar –abolir, revocar– con arrogar(se) –atribuirse, apropiarse de algo inmaterial, como jurisdicción, facultad, etcétera–, con lo cual expresó una idea un tanto absurda: «no podemos abolirnos el derecho a hacerlo». Evidentemente se debió haber escrito: «lo que no podemos hacer es arrogarnos el derecho a hacerlo».
Tal vez la confusión se deba a la pronunciación con sonido fuerte [rr] de la ere que sigue a la be como en subrayar. Sea como sea, recomiendo directamente no usar el verbo abrogar puesto que contamos con sinónimos de empleo frecuente (abolir, derogar, revocar) que nos evitarán en lo sucesivo caer en errores de esta naturaleza. ¿Quedó claro?
Otra. Al día siguiente, en la crónica de la sesión del Senado, se consignó otro caso de paronimia. En ocasión de tratarse el registro de vecinos de la Ciudad Vieja con motivo de la próxima Cumbre, un senador de la oposición preguntó, con sorna, si durante los días que dure la reunión de mandatarios regirá la ley seca como en el Consejo de Ministros de Quebracho; dijo: «¿no se podrán expedir bebidas alcohólicas en la Ciudad Vieja?». Evidentemente, confundió el verbo expedir (dar curso a una causa, pronunciarse sobre algo, remitir) con expender, que sería el adecuado para la idea; este último significa –entre sus muchas acepciones– «vender al menudeo».
Y queda todavía otro parónimo de estos dos: expandir, que significa «extender, dilatar, ensanchar, difundir».
–A ver si entendí. El bolichero nos expende el aguardiente que se expande generoso por nuestros gargueros; después viene un médico que expide una constancia de nuestro avanzado estado etílico.
–Impecable, ¡qué lo parió!
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