La historia según "El Ñato"

Al margen de toda militancia política, tras los sucesivos linchamientos sufridos a través de los años de parte de los aparatos frenteamplistas, y en virtud de haber sido siempre amparado como hombre libre y con cabeza propia por LA REPUBLICA   prácticamente desde su fundación a la fecha -, quiero expresar como ciudadano, con derecho a ello, alguna opinión sobre expresiones de Fernández Huidobro, como lo he hecho en alguna otra oportunidad. Precisamente, en otro momento, para elogiar su actitud y su práctica. En este caso, para rectificar   desde mi modestísimo punto de vista   algunas de sus afirmaciones. Lo hago desde mi lugar particular de trabajo, distrayendo tiempo del mismo, es decir, sin goce de sueldo ni en ejercicio de función pública remunerada. Ergo, lejos de mi domicilio, no tengo secretario ni acceso a la profusa documentación encarpetada relativa a algunos de los hechos mencionados por el hoy senador, que poseo. Escribo entonces en base a la ayuda de las neuronas que todavía me quedan y que me ayudan a recordar   desde la década del 60 para acá   muchas de las cosas que muchos charlatanes   no es el caso de «El Ñato»   dicen muchas veces, tergiversando actos y/o hechos a su paladar.

Efectuadas las anteriores precisiones voy a lo concreto. En la nota del 28 de setiembre de la contratapa, Fernández Huidobro hace un repaso   desde su óptica   de importantes acontecimientos relacionados con el Frente Amplio y el país, desde 1989 a la fecha. Ello, a propósito de un libro de un politólogo – que no conozco, ni leí, ni me interesa   relativas precisamente a algunos de aquellos acontecimientos. En ese sentido, deseo referirme: 1º) a la denominada «crisis» interna del FA, de 1993 y 1994, que menciona; 2º) a su dilucidación y sus consecuencias. Ello a cuento de las opiniones de «El Ñato».

Si le preguntamos a la mayoría de los frenteamplistas (no a las culebras trepadoras) sobre el proceso que llevó al retiro estratégico de Tabaré Vázquez y a la creación del Organo de Conducción Política, salvo los del «carozo» de los aparatos sectoriales y del entonces aparato seregnista, la abrumadora mayoría no sabrá explicar ni jota de aquellos hechos. El suscrito muy poco, pese a ser en aquella época dirigente departamental y nacional. Pero esos acontecimientos demuestran la aceleración del proceso de asunción de la actividad política en términos de una gran intriga, por parte de las cúpulas frenteamplistas, portando siempre no obstante el estandarte de «las bases», para agitarlo en ocasiones. En la más benévola de las hipótesis ello hubiera sido el peaje a pagar para la reconversión, hacia un gran movimiento de opinión democrático con atracción sobre la población, no tan atado a las estructuras. Esperanza que algunos teníamos con la creación del Encuentro Progresista, deglutido también por el aparatismo. Recuerdo el congreso del FA de 1994, para aprobar la candidatura Tabaré   Nin, salvada por un pelo en base a un artilugio ideado a último momento por Cores, más allá de los esfuerzos de Mujica para contener a la tropa, en pie de guerra contra «el progresismo». Todo eso de los «doce apóstoles», «soldados de la unidad», «escopetazos», etcétera, forma parte de la retórica de las intrigas políticas, que tanto entusiasman a los denominados politólogos, sean o no académicos.

En cuanto a la dilucidación de la crisis y sus consecuencias, FH señala que «La piedra de toque fue la reforma constitucional acordada y apoyada por el triunvirato (Rodríguez Camusso, Astori y Seregni) con ambos partidos tradicionales». Es de suponer, pues no lo dice, que se refiere a la denominada minirreforma, que habilitaba el voto cruzado, es decir, votar a un candidato en lo departamental y a otro en lo nacional, que hubiera habilitado el triunfo del FA en 1994. No obstante, los sectores denominados «radicales» del FA   entre ellos el MPP   y el PIT-CNT frustraron aquella posibilidad, para mejor o peor. Por ello es contradictorio «El Ñato» cuando opina: «Aquella elección de 1994 fue un triple empate producido gracias a Hugo Batalla. Sanguinetti ganó por un pelo de Fau». Y remata su pensamiento: «La maniobra comenzada en febrero de 1989 se consumó en 1994. Si a ello agregamos la reforma constitucional de 1996 (el balotaje) podremos concluir con racionalidad que el triunfo electoral de la izquierda recién en 2004 fue demorado por diversas maniobras políticas que casi siempre operaron desde el Partido Colorado en la interna del FA para romperlo». Craso error esa única atribución de responsabilidad al Partido Colorado. El argumento de FH parece   con todo respeto   aquel de Sanguinetti, cuando esgrime la teoría de los dos demonios, para eximir de responsabilidades a su partido en el proceso de deterioro político e institucional del país. Más acá en el tiempo   y en otro plano   es parecido a las mentiras de Arregui (el de ENCE), para quitarse compromisos de encima. El FA no quiso ganar en 1994 porque así lo dispuso su cúpula dirigente, que no movió un dedo para movilizar por aquella minireforma. Luego fueron nuevamente responsables de la derrota en 1999, al acompañar en 1996  con la excepción del inolvidable Profesor Crottogini  la reforma del balotaje. Quizás tenían razón y hoy, con sistema presidencialista y mayoría absoluta en las Cámaras, se puedan lograr las metas por las cuales lucharon y murieron tantos uruguayos, en primer lugar de las cuales, la de un país productivo, con la mayor justicia social posible, donde se pueda vivir en libertad, con paz y seguridad. Los uruguayos somos muy mansos y lo seguiremos esperando. Interin, el sistema presidencialista y las mayorías absolutas, al estilo de los regímenes de América Latina, seguirán siendo el caldo de cultivo de explosiones sociales y políticas cada vez mayores. *

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