Magia, sueños, realidad

En el desarrollo más asombroso de la ciencia, la técnica, telemática, informática, la genética, los avances por el control de la naturaleza, la investigación espacial altamente avanzada, se contrapone la dura cara de realidades e injusticias.

El desamparo, la falta de seguridad, la falta de justicia e igualdad, la incertidumbre y desesperanza, golpea muy fuerte a los más débiles. Cifras más, cifras menos se coincide en que cerca de 1.500 millones son subocupados en el mundo, con 40 millones de subocupados en los países industrializados, generando así un estado de fractura social que no es pasajero y que es directamente estructural.

Se estima alrededor de 120 millones de desempleados, y se presume, por algunos estudiosos del tema, que en el futuro estas cifras pueden ser mayores, es decir un futuro mucho más duro para un mayor número de la población en la medida en que no se trate de modificar el proceso económico con nuevas modalidades de trabajo que generan hoy situaciones de injusticia permanente, instaladas de una vez y para siempre.

El 10% de la población de las clases altas se llevan el 50% de los ingresos totales, el 30% de la población de las clases bajas se lleva entre el 2% y el 10% de los ingresos totales, el resto entre el 0% y el 2% (cifras estimadas a nivel mundial). Situación que aparece como legítima e instaurada naturalmente, nunca vinculada a situaciones de injusticia. La palabra injusticia ha desaparecido de los análisis económicos, financieros, sociológicos, por lo general se emplean otro vocablos por ejemplo: situaciones de atraso, de lentitud en la reconversión industrial y muchas formas más para encubrir, tapar la injusticia.

La riqueza se ha transformado en una abstracción que hoy la pueden ver sólo aquellos que entienden de números, de guarismos y tendencias; el crecimiento o no se ve solamente en las gráficas, muchas veces indescifrables para la gente corriente. Ha sido como una gran actuación de magia, un pase mágico que hizo desaparecer las formas de pensar y ver qué tan rico o pobre somos como pueblo o país. La riqueza no tiene forma, corporeidad: es como un gas, sabemos que está, pero la mayoría no tiene los elementos para capturarlo.

En otras épocas la riqueza se medía a través del estado de salud de la población, tanto físico como psíquico, también por lo niveles de educación de toda la población, la cantidad de viviendas, la cantidad y calidad del tiempo libre para la distracción, creatividad, también por las coberturas sociales, los niveles de seguridad y muchísimas más cosas palpables. La magia ha sido haber hecho desaparecer de nuestro pensamiento, de nuestras cabezas esas ideas que para algunos hoy no son modernas, lo moderno son los bancos, la bolsa de valores, las tarjetas de crédito, la especulación, la comunicación impersonal a través de máquinas, perdiendo la riqueza de lo grupal y de la presencia del otro.

Asistimos a la gran actuación del mago capitalismo que hace esfumar todo perdiendo corporeidad y transformando el tiempo, donde todo parece no tener historia: el tiempo es sólo lo que vendrá; el pasado, el presente inmediato desaparecen transformando la injusticia en cosa natural o de malos ratos, poniendo los buenos tiempos muy lejanos, alimentando sólo ilusión. Trucos aprendidos en grandes universidades y centros de investigación con sesudos economistas y científicos a su disposición. Magia que nos hace soñar, por ejemplo, con que pronto podemos llegar a vivir hasta 125 años (alguien decía: «no se lo recomiendo a nadie»). Hoy ya es demasiado penoso llegar a la tercera edad con tantas penurias e indignaciones.

Esfuerzo científico en busca de prolongar la vida, sueño mágico en la búsqueda de lograr inmortalidad como forma de mantener, detener, de hacer algo perpetuo.

Idea de dioses invencibles, sólo porque el saberse con finitud los angustia. Intento de detener lo nuevo que se empeña en nacer y mantener lo que está. Sería bueno, también, invertir mayores esfuerzos científicos y riquezas en la protección de la niñez, hoy terriblemente castigada, combatir la mortalidad a causa de enfermedades curables, sin olvidar mayor cobertura y protección a los enfermos de sida. Algunos dirán «está soñando», pero queremos soñar con realidades, porque soñar es inevitable, nadie puede dejar de hacerlo por propia voluntad. Es bueno también poder descifrar y saber lo que soñamos. Soñar es bueno… pero hay que soñar cuando hay para soñar, es aun mejor. Hoy se trata también de estar despierto y como nos dice Manrique: «Avive el seso y despierta».

* Psicólogo social

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