Carta abierta al doctor Lacalle

¿Usted cree que la gente es idiota?

Otra vez usted arremete con su obsesión privatizadora; en esta ocasión en perjuicio de Ancel, el sector de comunicación celular de Antel. En realidad, el que lo haga no puede asombrar a nadie; pero lo que sí es sorprendente es la argumentación con que ha enfrentado las generalizadas objeciones con que la iniciativa fue recibida. Pretende tachar las objeciones de los demás sectores señalándoles contradicciones por haber aprobado ellos en su oportunidad otras privatizaciones, como la de Pluna. Sin consistencia con esta argumentación arguye que no se trata de una cuestión ideológica sino pragmática, que es lo que al país «le conviene» (!).

En su soberbia, usted debe de creer que la gente es idiota. Si la propuesta fuera meramente pragmática, ¿cómo se le puede ocurrir comparar a Ancel, que produce significativas ganancias, con perspectivas de rápido incremento de ellas, y que se ocupa de un área nacional estratégica, con la entonces endeudada y fundida Pluna por obra y gracia de las administraciones políticas que padeció?

Pero no es cierto que su propuesta responda a un criterio pragmático. Su iniciativa es nítidamente ideológica. Usted es partidario de privatizar todo. Quiere la venta de lo que produzca pérdidas, de las «joyas de la abuela», y de lo que le proporciona al Esatdo importantes ganancias que pueden acudir en favor del reequilibramiento fiscal. Porque usted aspira que toda producción de bienes y servicios, por más sociales que sean sus cometidos, estén en manos privadas, y funcionen de acuerdo a la lógica del mercado y del lucro. Es que ustes es partidario del capitalismo más ortodoxo.

Por cierto que mi posición al respecto también es ideológica. Estoy en la antípoda de la suya, porque aspiro a que no sea la lógica del lucro sino de servicio la que movilice la vida social. Porque quiero que lo social sea gestionado socialmente, y que en esa gestión estén presentes valores solidarios. Por lo tanto, que las empresas estatales queden en el espacio público. No para que las maneje la ineficiente y politiquera burocracia estatal, sino administradas autogestionariamente por sus trabajadores y consumidores; como lo puede postular el socialismo libertario, en rechazo del autoritario modelo soviético.

Sin embargo, no es ni su movilización ideológica ni la mía la que llevó a la mayoría neta de los uruguayos a rechazar la privatización de Antel en 1992. Allí se predominó el criterio pragmático que usted invoca, y con el cual jamás se aceptaría que el sector público se desprendiera de un importante instrumento comunicacional que produce buenas ganancias. Pero claro, a usted le importa un bledo lo que opina la mayoría de los uruguayos, como lo demostró el plebiscito de 1992 (de esos de cuyo costo usted se ha quejado…). Porque usted tampoco es demócrata: si fuera posible, no le importa tratar de usar los brazos de yeso de la coalición en el Parlamento, para contrariar una clara opinión mayoritaria de sus compatriotas.

Ni siquiera es usted nacionalista, como parece autodefinirse su partido. Porque procura la venta de todas las grandes empresas públicas; y nadie puede llegar a creer –usted tampoco– que sus compradores puedan ser otras que las multinacionales, caracterizadas por hacer primar sus intereses sobre los de las naciones en las que operan. Con el agravante de que la intención enajenadora suya es la misma para aquellas actividades estratégicas para los intereses del país.

Aunque no participe del patrioterismo al cual usted es tan afecto, sé perfectamente cuándo se entregan al capitalismo internacional importantes bienes colectivos que son del pueblo uruguayo.

Entonces, usted no puede intentar tales justificaciones para su propuesta. No puede comparar la capacidad de producir beneficios de Ancel con la Pluna que se privatizó. Ni puede justificar su propuesta de dilapidar un bien de capital que le pertenece a los uruguayos, y que produce cada vez más ganancias; ni puede decirse nacionalista cuando postula la entrega a las transnacionales de las empresas públicas, incluidas aquellas que involucran una actividad crecientemente estratégica para el país. Tampoco puede catalogarse de demócrata cuando está empeñado en contradecir la voluntad probada de la mayoría de los uruguayos. La real explicación de su iniciativa es ideológica: es que usted es un reaccionario, doctor Lacalle.

*Sociólogo

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