Praga: un lugar para la protesta

Uno de los hechos característicos del actual proceso de globalización y mundialización lo constituye la circunstancia que muchas de las decisiones más importantes para la vida de los pueblos se adoptan fuera de los límites del Estado nacional.

De hecho, el mundo asiste a una creciente pérdida de soberanía de las naciones jurídicamente organizadas y cada vez más, son las grandes corporaciones y los organismos internacionales las que adoptan las decisiones de las que dependen los ingresos, la salud, la educación y las condiciones medioambientales en que se desarrolla la vida de los ciudadanos.

En todo caso, en los pronunciamientos electorales que llevan al gobierno a tal o cual partido en los países democráticos occidentales solo tienen derecho a la «ciudadanía» los ciudadanos habilitados dentro de cada Estado.

Estando el destino de millones de mexicanos, brasileños, argentinos, venezolanos y chilenos, en gran medida determinado por las opciones políticas que se adoptan en los Estados Unidos, los ciudadanos del resto de las naciones del continente no tienen oportunidad de marcar su preferencia en la vida política yanqui.

Afianzando la base electoral nacional que necesita para legitimarse y garantizar la continuidad de su partido y de sus políticas, los líderes de los grandes países de democracia capitalista (Clinton, Blair, Jospin, Schroeder, etc.) no tienen que rendir ni remotamente cuentas a la parte de la población mundial que queda del lado de afuera del desarrollo mundial, a la población sin ciudadanía del mundo pobre.

Esta realidad se ha visto en los últimos años acompañada de otras respuestas, con la incorporación de otros protagonistas, al menos en el mundo de la protesta: las manifestaciones de los grupos antiglobalización que turbaron el desarrollo de las Conferencias de Seattle y de Washington en los últimos meses.

La convocatoria, ahora, a la reunión que en esta semana del 18 al 23 de setiembre realizan el FMI y el Banco Mundial, proviene de un gran número de organizaciones.

Organizaciones no gubernamentales, gremios estudiantiles, agrupamientos de ecologistas, y pronunciamientos de organizaciones sindicales de Europa y de los Estados Unidos.

El mundo se globaliza y la protesta también.

Las decisiones se centralizan y el rechazo y la contestación hacen lo mismo.

La reunión que se realiza en Praga se ha convertido así en una nueva edición de las confrontaciones que oponen a los organismos rectores del proceso de globalización con sus críticos surgidos en las universidades, la prensa, los sindicatos y los movimientos de defensa del medio ambiente.

Hay ONGs que tienen objetivos definidos y precisos, como Jubileo 2000 que propone condonar la deuda de los países del Tercer Mundo.

El objetivo principal de las reuniones oficiales es discutir las mejores formas de incorporación a la economía de mercado de los países del antiguo bloque oriental.

Según se informa, se prevé la llegada a Praga de algunas decenas de miles de manifestantes, y en filas del gobierno y de las autoridades policiales checas ha cundido la preocupación por que las manifestaciones no desemboquen en una situación de caos incontrolable.

Ya se ha previsto por parte de los manifestantes realizar, en el curso de la semana, 216 manifestaciones callejeras.

La idea es hacer confluir todas las protestas en una gran manifestación el día 26 de setiembre.

Alrededor de 11 mil policías y 1.600 soldados han sido movilizados.

Al mismo tiempo, voceros de organizaciones sindicales norteamericanas, como la AFL-CIO, han adelantado su solidaridad con estas manifestaciones en Europa y preparan, para el mismo día 26, acciones de protesta contra el BM y el FMI.

Son realidades que vale la pena no perder de vista.

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