Venezuela-Irán: un polo antiimperialista
Convencional del Partido Nacional
Es notorio que después de la caída soviética y el sistema comunista, el mundo se polarizó en una sola potencia hegemónica con sus amigotes rompiendo el equilibrio natural que favorecía el tercer mundo subdesarrollado; léase patrias chicas, débiles o pobres. O sea, es probable que no hubieran sucedido las brutales, criminales y genocídicas guerras del Golfo Pérsico con sus inocultas intenciones depredatorias petroleras y mucho menos el alevoso crimen al inerme Líbano, si hubiera habido otra potencia cuando menos, de similar potencialidad y lógicas aspiraciones hegemónicas que sacara la cara por ellos. En buen romance, tener otro palenque donde rascarse, donde colocar producciones competitivamente, defensa en casos extremos y sirve como ejemplo el nuestro, evitar abusos groseros como el de Argentina con las papeleras o el Brasil con el arroz.
A veces, el que tiene padrino no muere infiel. El mundo está inerme a las ocurrencias potenciales yanquis y asociados atrincherados en el capitalismo banquero de Wall Street.
No nos engañemos, no es un problema de izquierdas o derechas, sino de intereses arbitrarios y despóticos por la dominación disfrazados de eslóganes democráticos y hasta filo religiosos en defensa del bien sobre el mal, dando por sentado que el bien son ellos y el mal los que discrepan con ellos.
Se aplasta o por la fuerza directo por el capitalismo salvaje ahogando las economías de los países pobres, que mata igual o más que los propios bombardeos con misiles. Por ello es importante el acuerdo que con aguda lucidez ha manejado Chávez en sus acuerdos con Irán y su líder Ajmadinejad y demás árabes que vienen sutilmente detrás. Sin perjuicio de estar o no de acuerdo con el presidente venezolano, hay que reconocer objetivamente que es el único líder nacionalista de izquierda en América que se enfrenta abiertamente al imperio y se mantiene. Es obvio que Cuba carece después de la caída soviética, de la potencialidad económica (no olvidar el petróleo) y hasta militar venezolana, sumados la avanzada edad y estado de salud crítico, dicho con realismo del propio Castro, como para hacer estas movidas políticas. Obsérvese que de lograr Ajmadinejad con su Irán, lograr el poder atómico, Venezuela le estaría facilitando con mejor fuerza militar y económica que Cuba, ser la cabeza del puente contra el imperio que Castro fue a los soviéticos en la guerra fría desde la isla caribeña.
La historia puede volver a repetirse como única solución a tantas arbitrariedades del sheriff Bush y los intereses económicos conocidos de Wall Street. Es significativo que mientras toda la izquierda latinoamericana (con excepción del nuevito Evo Morales, habrá que verlo) por unanimidad, desfilen genuflexos por el besamanos yanqui, llámese FMI, Banco Mundial, o directamente fotografiándose con Bush todas las veces que pueden, el único que no sólo enfrenta sino que se da el lujo de tomarles el pelo diciendo que queda olor a azufre después que pasó Bush es Chávez.
Cuando se dice eso, es de presumir que sabe y le consta que los yanquis no se lo van a perdonar. Y cuando se abraza con el iraní y sigue tejiendo el entramado de la creación de un nuevo bloque político equilibrante (no olvidar tampoco sus viajes a China, Europa y hasta el propio Vaticano aventando problemas ideológicos con la Iglesia a la que publicita su adhesión) hacen de Chávez un incipiente estratega ajedrecista político que en el escenario mundial, dimes y diretes al margen con su populismo (¡bendito populismo!) gravita y alumbra una esperanza futura para el mundo subdesarrollado. Los líderes de izquierda latinoamericano no le llegan al menos por ahora a los zapatos.
Tanto el porteño como el camba, no pasan de medias cucharas abusando de un poder casero y miserable con los países chicos y débiles como nosotros y los paraguayos. Al revés de Chávez con otra proyección se le ve jugando en canchas grandes a niveles mundiales. Por todo esto, sin perjuicio de estar a favor o en contra, buena cosa es ser arquitecto, o intentarlo por lo menos, de un equilibrio futuro. Claro, todo depende en buena medida, que Ajmadinejad gane tiempo y consiga también lo suyo. La intención de por sí, vale.
Chávez es el inicio por estos pagos; no inclina su cerviz obsecuente esclavizándose ante el poder satánico imperialista mundial.
No le gusta el olor a azufre. ¡A mí tampoco! *
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