Dos instituciones poderosas piden perdón

ástima es que a la sensibilidad con que reaccionan los diversos medios del país a los avatares de la sociedad argentina en materia económica, no se corresponda una igual sensibilidad ante sucesos sociales de amplio contenido ético. Y decimos que es lástima, pues reacciones de alto contenido ético que mencionábamos, sirven siempre como buen contagio en una región que se nutre de antigua historia común, y ha vivido, en la modernidad, hechos de honda repercusión.

Máculas en el tiempo y en las generaciones que han detenido en su oportunidad el flujo del tiempo histórico, y aún hoy enlentecen el curso de los ánimos.

Sabemos que no es momento de agitar demasiado las aguas respecto a las conductas definitorias que debieran tener las instituciones que ocasionaron esas alteraciones. Hay hoy en movimiento un aspecto muy importante en materia de reparaciones –el destino que tuvieron los desaparecidos– y conviene, por su buen fin, mantener relegada toda polémica que pueda entorpecer; premisa que no obsta para hacer observaciones sobre realidades ajenas relevantes.

El caso es que en la Argentina, y en el correr de este mes, se han producido dos hechos que bordean la última instancia de una reparación que lleve a la reconciliación. Dos actores de importancia primordial de la sociedad nacional hicieron su «mea culpa» en forma implícita. El Episcopado Argentino, y el comandante en jefe del Ejército pidieron perdón por los errores de sus respectivas instituciones, cometidos durante el período dictatorial.

Una actitud de coraje y fuerza indiscutible que pone a lo sociedad argentina al borde de la reconciliación real, como decíamos.

¿Pecualiaridad de una nación que tuvo y conserva una tradición de trascendencia filosófica, que la hace más humana?

En realidad, salvo por obstáculos autoimpuestos al espíritu y la menta, no hay inconveniente para que una institución –del orden y estilo que sea– pueda pedir perdón o disculpas (como más se guste) de sus profundos errores. Hay pizca de inhumanidad en la concepción opuesta.

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