Los colorados conmemoran un motín

Nunca hubiéramos creído que el aniversario de la batalla de Carpintería fuera utilizado para la reivindicación del motín militar, puesto que allí, el segundo gobierno constitucional de la República desbarató el levantamiento en armas del comandante en jefe del Ejército en alianza con generales argentinos asilados. Si es una fecha a festejar, es justamente porque allí fue sofocado el primer intento de golpe de estado. Situación que fracturó al ejército nacional, debiendo el Presidente Oribe distinguir a los «Defensores de Las Leyes» sobre tela blanca. De ahí la fábula de que ese es el origen de los partidos políticos orientales.

Los partidos ya estaban definidos en tiempos de Artigas. Los montevideanos que sirvieron a la Cisplatina, como Rivera y sus secuaces civiles, Nicolás Herrera, Herrera y Obes, Joaquín Suárez, aparecerán luego en el Montevideo de la Defensa al servicio de la intervención francesa en el Río de La Plata. En diciembre de 1828 Lavalle da un golpe de estado en Buenos Aires, fusilando al gobernador Dorrego. Al año siguiente, el motín es sofocado por la reacción federal. Lo vence Juan Manuel de Rosas y lo amnistía permitiéndole volver a su residencia particular en la ciudad porteña, bajo el juramento de que jamás tomaría las armas contra su patria. Juramento que a los pocos meses rompería, aliándose a los unitarios riveristas de Montevideo.

Veamos cómo lo cuenta el embajador británico Hood, en nota del 28 de agosto de 1836, a menos de un mes de la Batalla de Carpintería, analizando los hechos del alzamiento de Rivera y del general Lavalle:

«Los hechos reales son, sin embargo, según creo, que los emigrados porteños y principalmente Lavalle, que se refugió en esta república cuando el derrocamiento de su gobierno en 1829, habiendo perdido toda esperanza de renovar la lucha a favor de la causa unitaria, en razón de la extensión y consolidación del sistema federal en su país y sin ninguna probabilidad de éxito, en cuanto dependa de sus propios recursos, aprovechó el momento en que don Fructuoso Rivera se sintió mortificado por la pérdida de su autoridad en el interior, halagando su desmedida ambición y amor al dinero, para excitarlo a la rebelión, sobre la base de que ellos (los generales de Buenos Aires emigrados) le ayudarían a voltear este gobierno y le darían el poder absoluto, a condición de que él, a su vez, cooperaría al derrocamiento del actual gobierno de Buenos Aires y del sistema federal. (…) Si los generales rebeldes se han ligado para derrocar sus respectivos gobiernos, es natural que los gobiernos de Buenos Aires y Montevideo, mirándolos como unidos en una causa común, hagan lo mismo y, al proceder mano con mano, han dado una gran fuerza moral a la causa del orden. (…)

Es indudable que esta contienda durará algún tiempo, pero, a juzgar por la expresión de una naciente opinión pública, que no existía algunos años atrás, yo diría que al gobierno le asiste toda la razón para esperar alcanzar éxito y, sobre todo, que será grandemente respetado y consolidado, como gobierno y no como facción, cuando se compruebe que dos de los militares de más influencia, han fracasado al pretender apoderarse del gobierno con siniestros fines».

Hasta aquí el testimonio del embajador transcripto de la obra de L.A. de Herrera «La Pseudo Historia para el Delfín».

Rivera y Lavalle son derrotados en Carpintería el 16/09/1836 y se internan en territorio de Rio Grande. Con el apoyo de tropas riograndenses y de la escuadra francesa, se harán del gobierno de Montevideo en el año 1838, dando comienzo a la Guerra Grande.

El Partido Colorado ha desempolvado sus viejas banderas unitarias, miliqueras, en un grito de guerra seguramente que no augura cosas buenas para el país. Intenta la reivindicación de inveterados pícaros del proscenio colorado: Rivera a sueldo de la intervención Francesa, Flores a sueldo del Imperio brasilero…

Sanguinetti atribuye a José Batlle y Ordóñez todas las bondades del Uruguay mítico, ese de los inmigrantes que desembarcaban con la balotta colorada, prontos para revistar como empleados del gobierno en las abundantes plazas que se iban creando. La leyenda garibaldina que permitió al Partido Colorado empalmar la abundante inmigración italiana a su coleto. En las décadas siguientes, la multiplicada descendencia de esa emigración afirmó una creciente tradición de voto colorado. Inmigración y la industria del empleo público, he ahí el secreto de tantas décadas de gobiernos colorados.

Si la izquierda es ahistórica, cree en el Uruguay idílico de don Pepe, el paraíso perdido en que abrevan todas sus rebeldías, la derecha no lo es.

Es admirable la coherencia histórica de Sanguinetti, reivindicando a todos los inveterados pícaros de su facción arribista. Sanguinetti, jefe de los «salvajes unitarios», del partido rosado, reivindica el motín frente al gobierno constitucional del federal Manuel Oribe.

¿Inopinado alegato o velada amenaza del partido del motín? *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje