Sobre información y objetividad
A poco de comenzar a analizar el tema de la información, de los medios que la sostienen, podemos comprender cómo ese concepto está estrechamente ligado con otro, el de la existencia de un desarrollo sustentable, con una real reducción de la pobreza. Un país no crece y se desarrolla sin le existencia de medios de comunicación potentes, democráticos, plurales, que sirvan para que las medidas que se adopten no sean simples enunciados teóricos, sumas abstractas de buenas intenciones, sino factores que movilicen a la gente para que construyamos entre todos un país mejor, una América Latina más justa, un mundo en paz.
En el mundo se están incentivando los debates que oponen, como los avisados han detectado, a quienes buscan el camino de la información, sin adjetivos, que le sirva a la gente, y quienes la han convertido en un elemento más de los espectáculos de entretenimiento alienante, muchos de ellos globalizados, convirtiéndola en un negocio –económico o político– con un solo objetivo: dejar las cosas en la superficie y, además, propender al afianzamiento del statu quo.
Es obvio que en estas líneas no estamos criticando al espectáculo como expresión cultural humana, sino a la infinita tilinguería con la cual algunos programas encaran la información y el espectáculo, fundamentando el «gancho» en efectos de producción, que muestran realidades con una insoportable ligereza que cuestiona a la información misma.
También un subrayado a la manipulación informativa, sin duda, otro fundamento malsano que se utiliza abiertamente, pese a que el camino a la objetividad siempre está empedrado de buenas y difíciles intenciones que muchas veces se convierten en obstáculos insalvables.
Es bueno, a esta altura de los acontecimientos, tratar de desentrañar algunas verdades o, por lo menos, exponer situaciones que muestren cómo el tema de la información es de fundamental importancia para la sociedad humana.
Hoy mismo el gobierno del doctor Tabaré Vázquez está impulsando mecanismos para que la información positiva de lo que hace el Poder Ejecutivo llegue al público, tratando de vencer los evidentes desencuentros personales que tuvo más de un gobernante con la gente de prensa, a la que se le retaceó en ocasiones el necesario insumo que es la información, lo que de alguna manera es también determinante de la situación de desinformación que ahora preocupa.
Una información gubernamental que se centralizó en una sola oficina estatal (Sepredi), dejando abiertos algunos flancos informativos en los cuales los medios deben recurrir a «fuentes» e «informantes» por carecer de interlocutores oficiales en cada dependencia. Allí los «insumos» muchas veces están contaminados de elementos indeseables para el objetivo de informar.
En el grupo de la información sin adjetivos, la libertad de informar está en juego y con ella, un elemento que la apuntala, que es la lucha por la diversidad. Información sin adjetivos que, como el lector entenderá, poco tiene que ver con la objetividad, que es otro elemento para analizar por separado.
Decimos eso porque la objetividad es un elemento de construcción opinable, a la que se puede llegar en círculos sucesivos, en base a un camino tan diverso como contradictorio.
En esto no hay recetas ni fórmulas mágicas y la objetividad pura es un bien prácticamente inalcanzable, poco asible, caballito de batalla –eso sí– de los hombres de prensa que creen no tener compromisos con la sociedad en que viven y su tarea es la de simples trasmisores de hechos.
Sorprendentemente quienes defienden más ese elemento, la objetividad, son los representantes de la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa), grupo de dueños de medios de comunicación que nunca, justamente, se ha caracterizado por la pluralidad informativa, ingrediente que debería ser básico de esa objetividad que pregonan pero a la que no se acercan. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad