Trascendente elección presidencial en Brasil
La elección o reelección presidencial del próximo domingo reviste una enorme trascendencia para Brasil. Después de cuatro años de gobierno de un partido de izquierda, que llegó con gran impulso y amplia base social, las derechas no han conseguido conjuntar fuerzas en torno a una candidatura de oposición.
El Partido de los Trabajadores parece así avanzar hacia una victoria neta en la primera vuelta, consolidando la experiencia iniciada hace algo más de tres años.
No obstante, los dardos no han cesado de caer sobre el partido de gobierno. En las últimas semanas el aluvión de ataques ha tenido como centro un episodio complicado, la compra de un expediente conteniendo denuncias de corrupción contra varios partidos.
En la maniobra de compra del expediente, conteniendo las denuncias realizadas por un empresario procesado por corrupción, aparecen figuras claves de la campaña del presidente Lula.
La prensa y sobre todo el poderoso oligopolio que controla la televisión han dado color al episodio que, hasta ahora, da muestras más de torpeza que de corrupción por parte de los «petistas».
Lo burdo del episodio consiste en que las autoridades del Partido de los Trabajadores no tenían ninguna necesidad de comprar denuncias, siendo que en el Congreso está instalada una Comisión Parlamentaria de Investigación que examina las denuncias de las famosas compras sobrevaluadas de ambulancias.
Lo que correspondía era poner en funcionamiento los mecanismos legales de los que el gobierno y el Congreso disponen y no deslizarse a las inciertas aguas de una compra clandestina de pruebas judiciales.
No obstante el impacto que los medios tratan de generar, en el electorado brasileño no parecen haberse visto afectadas las expectativas de voto a favor de la reelección de Lula da Silva. Si bien el PT parece haber perdido apoyos significativos en la mayoría de las grandes ciudades del Sur (Río de Janeiro, San Pablo, Porto Alegre) ha crecido en forma espectacular en las zonas más pobres del Brasil.
Y ese es el hecho más altamente significativo. Por primera vez en mucho tiempo, un partido de izquierda logra captar la adhesión de una gran masa de asalariados o desempleados de las zonas más atrasadas económicamente del Brasil.
Los programas de ayuda a las familias más necesitadas, que en las regiones del Norte y del Noreste son una parte muy significativa de la población, han tenido un fuerte impacto.
Por lo demás, el poder de compra de los asalariados ha crecido de modo significativo. Para los trabajadores que ganan hasta cuatro salarios mínimos el poder de compra aumentó en un setenta (70) por ciento en cuatro años.
No se trata exclusivamente del carisma de Lula, un dirigente con extraordinaria lucidez e intuición política, siendo como es un hombre relativamente joven, que tiene una amplia experiencia en las luchas electorales y políticas. Se trata, sobre todo, de las realizaciones sociales de su gobierno. Del signo principal que para muchos millones de hombres, mujeres y niños pobres y muy pobres ha tenido el gobierno del Partido de los Trabajadores.
Con el PT y con Lula ha nacido y crecido una nueva ciudadanía. Y esos hombres y mujeres que acceden a una vida un poco mejor no le piden permiso a nadie para empezar a tener voz propia, después que durante tanto tiempo sus voces fueron silenciadas o desvirtuadas. Ese parece ser uno de los aspectos novedosos de la sociología política que está en curso.
No todos los observadores parecen reparar en esto. Las propias características de la campaña, con poco gasto en publicidad y muy escasas movilizaciones de masas, podrían indicar que lo predominante es la apatía política. Eso es así, en algunas partes de este enorme país-continente. Pero la vida de toda una nación no la impregna solamente la realidad que se vive en sus grandes ciudades. O como la viven y la describen algunos de sus intelectuales. El domingo se verá realmente cuántos son los nuevos ciudadanos que han pedido la palabra para decir qué país es el que quieren. *
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