Viejas y toscas falsificaciones a favor de la impunidad
Una larga nota publicada en el Semanario Búsqueda pretende oscurecer una realidad que la acción de los jueces va aclarando. Nos referimos a las acciones desarrolladas en la Argentina, y específicamente en el centro clandestino de detención y torturas conocido como Automotores Orletti.
Según el truculento relato, en el asesinato de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, perpetrado en Buenos Aires en mayo de 1976, no habría intervenido ningún oficial policial ni militar uruguayo.
Una fórmula fácil aunque carente de originalidad y de ingenio. No sé, no vi, no estuve allí fueron las respuestas brindadas por los oficiales acusados cuando, en 1989, fueron interrogados en aquel tosco simulacro de investigación promovido por Julio Sanguinetti a través del coronel Sambucetti, también él bajo sospecha de haber cometido toda clase de tropelías contra presos políticos.
El giro por el cual se pretende santificar la presencia de los grupos de tareas del Servicio de Inteligencia de Defensa uruguayo en Argentina contiene elementos bastantes sórdidos.
En realidad se hace siempre muy difícil no terminar chapoteando en el descaro y el cinismo cuando se intenta defender las acciones criminales del terrorismo de Estado. Es el caso del semanario que ahora citamos y criticamos.
Dos figuras señeras de la democracia uruguaya, Zelmar y el Toba. Dos líderes de la oposición. Dos puntos de referencia de un pueblo oprimido al que se priva de todos sus derechos políticos.
Hombres de paz, son asesinados cruelmente.
Ahora las voces de la obscenidad política e histórica pretenden que Zelmar y el Toba no fueron asesinados por su enorme significación política. Se pretende que era por dinero. Otra vez el móvil es «económico».
Según Búsqueda se «tiene la plena convicción de que quien asesinó a los dos parlamentarios uruguayos fue Osvaldo Forese, un argentino que integró el grupo de Gordon y que habría fallecido el año pasado, mientras se encontraba prófugo de la Justicia argentina.
Forese, conocido en aquellos años de sangre y muerte como «Paqui» o «el Oso Paqui» por el voluminoso tamaño de su cuerpo, es mencionado en el «Listado Alfabético de Represores del período 1976 a 1983 en Argentina» por el «Grupo Fahrenheit», una organización creada en Buenos Aires en 1998, al final de la década del Presidente Carlos Saúl Menem, que se presentaba como «un grupo de militantes de la vida que no se resignan a la desmemoria».
El semanario de los jueves ignora lo que cualquier ciudadano que haya estudiado los expedientes y conocido los testimonios sabe desde 1976.
Efectivamente, ya entonces se hicieron públicos testimonios en los que el nombre del «Paqui» Forese aparece estrechamente ligado al grupo de oficiales que operaban en Orletti.
Denunciar que lo hizo Forese no exculpa hoy a quienes con él actuaban en la represión contra los opositores uruguayos en la Argentina.
Según Búsqueda, que además atribuye esta versión a fuentes oficiales uruguayas, «Forese y la banda parapolicial que encabezaba el hoy también fallecido Aníbal Gordon «iban por los lingotes de Mailhos, que se decía que los tenía el Toba» (apodo de Gutiérrez Ruiz), y por guita que pudiera tener Zelmar del MLN» (Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros).
Michelini y Gutiérrez Ruiz, según la publicación del semanario, fueron asesinados «por la guita» que la banda de Gordon creía que ambos tenían en custodia, producto de acciones de los tupamaros.
En síntesis, si el móvil era el dinero y los asesinos eran delincuentes comunes el asunto se salda sin tener que examinar las responsabilidades de los militares uruguayos que operaban en la Argentina.
Lo que Búsqueda no termina de explicar es por qué, en un asunto cuya verdad se conoce desde hace tanto tiempo, el Poder Ejecutivo presidido por Julio Sanguinetti incluyó la investigación del asesinato entre los crímenes que quedarían al amparo de la ley de impunidad. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad