Pedidos elevados
Un hecho bastante banal de la crónica política, como sin duda lo es un pedido de informes del Parlamento a un Ministerio, está en el origen de esta nota.
Con motivo de las polémicas declaraciones del profesor Carlos Demasi, que como el lector recordará, generaron una andanada de airadas críticas, el cronista había escrito lo siguiente: «Legisladores nacionalistas piensan elevar un pedido de informes al ministerio de Educación y Cultura, molestos con los dichos de Demasi». Y el editor de la sección Política me hacía ver –con razón– lo absurdo del enunciado, ya que los poderes del Estado están en un mismo nivel.
En efecto, mal puede elevarse algo a alguien que se halla en un mismo nivel de jerarquía: ¿o acaso el minstro de Educación y Cultura tiene más rango que un legislador, sea éste diputado o senador? A menos, claro está, que se responda afirmativamente a esta última pregunta y se considere que Montesquieu «ya fue», que la separación de los poderes es algo obsoleto y que el Poder Ejecutivo tiene un rango superior al Parlamento.
Puede elevarse una petición, una queja u otra cosa a un superior jerárquico. Pero si es éste el que pide algo a sus subordinados, diremos que ordenó, dispuso, solicitó, pidió un informe. Y entonces sí, el funcionario a quien se le ha pedido que elabore el informe, elevará el resultado de su tarea al jerarca.
De la misma manera, cuando el pedido de informes (o el trámite que sea) es solicitado por alguien que se encuentra en un mismo nivel jerárquico que el funcionario a quien se le pide que informe, no corresponde usar el verbo elevar sino cualquier otro que se nos ocurra capaz de expresar la acción, pero desprovisto de todo matiz indicador de diferencias de categoría. Podemos decir, por tanto, que un senador efectuó, realizó, hizo o cursó un pedido de informes a un ministro.
De lo contrario, habría que decir que el ministro a quien un parlamentario elevó un pedido de informes, al responder a éste, descendió la información solicitada. Algo medio disparatado, ¿no le parece?
–Ta clarito, Mendieta. Y ahora, ¿por qué no le elevamos al patrón un pedido pa’ que sirva la otra?
–¡Qué lo parió! *
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