El camino del diálogo

La prepotencia argentina sufrió un nuevo revés.

La diplomacia arrogante desarrollada por el gobierno de Kirchner no ha tenido los resultados esperados.

La intransigencia y la soberbia fueron derrotadas una vez más.

El fallo inapelable y unánime del Tribunal Arbitral del Mercosur, si bien no acogió la pretensión uruguaya de que se fallara a futuro, dio la razón a nuestro planteo respecto de que los cortes de ruta practicados por los «ambientalistas» gualeguaychuenses configuraron una violación a los principios del Mercosur.

La decisión del organismo regional es clara: «La ausencia de las debidas diligencias que la Parte Reclamada debió haber adoptado para prevenir, ordenar o en su caso corregir los cortes de las rutas que unen a la República Argentina con la República Oriental del Uruguay, realizados por los vecinos de la ribera argentina del río Uruguay (…) no es compatible con el compromiso asumido por los Estados Partes en el tratado fundacional del Mercosur, de garantizar la libre circulación de bienes y servicios entre los territorios de sus respectivos países».

El documento hace mención, asimismo, a que «el tiempo de los cortes; la arbitrariedad e imprevisibilidad de los mismos, las alternativas en la presentación y duración de su práctica han sido tan variables y de tal entidad que el Tribunal Arbitral Ad Hoc no puede dejar de valorar como infracción a lo establecido en el artículo 1 del Tratado de Asunción», en referencia a esa libertad de circulación violada por los ambientalistas.

Es categórica, pues, la condena a la permisividad del gobierno argentino para con los «piqueteros», al tiempo que queda clara la omisión en que ha caído respecto de garantizar la libertad circulatoria expresamente establecida en el Tratado de Asunción.

Como con acierto expresó nuestro canciller Reinaldo Gargano, la resolución judicial implica más que nada un triunfo moral para Uruguay; y al mismo tiempo abre las puertas para los eventuales reclamos por perjuicios económicos que pudieran entablarse ante los tribunales ordinarios del vecino país.

Desde que se instaló el absurdo conflicto con Argentina, en estas páginas hemos sostenido con insistencia en la necesidad de arribar a una solución de consenso a través del diálogo civilizado.

Los uruguayos somos conscientes de nuestra pequeñez y sabemos, por tanto, que debemos aferrarnos con uñas y dientes a las soluciones pacíficas y evitar por todos los medios todo enfrentamiento que no se dirima ante los tribunales. El apego a las soluciones legales es nuestra arma principal.

No obstante, tampoco sería prudente exhibir una postura de intransigencia luego de los fallos favorables de la Corte Internacional de La Haya y del Tribunal Ad Hoc del Mercosur; la arrogancia derivada de la victoria jurídica sería una pésima actitud. Debemos exhibir firmeza en la defensa de nuestros derechos y confianza en la razón que nos asiste. Pero además de esa firmeza y esa confianza debemos actuar con humildad –humildad bien entendida, por cierto–, de modo de mantener esa actitud dialoguista, abierta, bien dispuesta, que el gobierno observó desde el comienzo del conflicto con el país hermano.

Hoy más que nunca están dadas las condiciones para que se reanude el diálogo entre ambas naciones. Esperamos la suficiente grandeza del doctor Kirchner como para reconocer sus yerros y, con humildad, avenirse a conversar fraternalmente con sus hermanos platenses.

Esa actitud sería la más apropiada para empezar a recomponer este Mercosur malherido, de modo de fortalecerlo y convertirlo en el verdadero instrumento idóneo para construir una alternativa al capitalismo salvaje y a los afanes imperiales de EEUU. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje