Marcha a contramarcha

El de la inseguridad es un tema que hace al devenir histórico y ontológico del ser humano, se remonta a la aparición del hommo sapiens en la tierra, y hoy en Argentina pareciera que La Inseguridad acaba de nacer y hay que erradicarla con medidas propias de los períodos más oscuros de la humanidad.

De modo ligero y básico se trata el tema, con paliativos que afectarían profundamente los conflictos ya existentes de identidad y relación. Deviene de lo dicho que encuentro dos fuentes en el origen de mi escepticismo y la desconfianza frente al reclamo traducido en «marchas» contra la inseguridad. Por supuesto ¿quién desea vivir en un territorio con inseguridad? Pero me planteo por qué no hacer también marchas contra la existencia de indigentes, de muertos de hambre o quizás también contra la muerte o los malos pensamientos, contra la censura sistemática a seres como «yo», que intentan poner en discusión algunos valores, instalados por decreto de los que siempre ostentaron el poder en dictaduras y democracias. ¿O remotamente piensan que los parásitos enquistados en el poder no son otros que los de siempre? O quizás contra quien no acepta la ética como principio de toda instancia de vida en libertad.

No me agrada de ningún modo el autismo de los que concurren a las marchas, contra los relegados, o los hombres puros y honestos que se convirtieron en criminales de un día a otro… Sobran las razones, ellos –los condenados– no fueron los arquitectos de este espacio perverso que los hizo delinquir, ni los responsables de haberlos proyectado, aprobado, encargado, ni permitido. No son la burguesía repugnante, denominada en los setenta «oligarquía inmunda», que inventaron el desempleo y erradicaron el trabajo con la anuencia de los gobiernos de turno, creando una economía de servicios, donde los esclavos de la Antigüedad se diferencian de las masas de hambreados de hoy, simplemente en el hecho que los del pasado sufrían mejores castigos.

Como alguien podría pensar que acepto y justifico los asesinatos, las violaciones, los secuestros y demás excrementos que esta sociedad supo conseguir, declaro que tampoco acepto el cinismo que devuelve el rencor y ansias de crímenes contra quienes perpetraron delitos y no lo aplican en Marchas contra funcionarios políticos corruptos que debieran ser perseguidos y castigados con firmeza infinita, pues en ellos se depositó la confianza de guiar el destino de Argentina y delinquieron sistemáticamente en todas las áreas del crimen organizado, según pasaron sus periodos en las funciones públicas, sin olvidar el delito mayor: haber robado de las arcas del Estado Argentino, y pactado entre gallos y medianoche Alianzas absurdas, para no desapegarse del gustito de permanecer cerca del Poder.

Esa simulada credulidad sistemática de la Paleo y Neoburguesía en los valores hoy perimidos, y la duda patológica o escepticismo y desconfianza, son considerados entonces como anomalías de la creencia, síntomas de regresión, formas de esclavitud al sentido y su autoridad.

¿Alguien cree que puede negarse a permanecer petrificado y me refiero a la masa anónima de hambreados en su condición subalterna y de humillación y aceptar la suerte que les ha tocado o les ha sido impuesta, sin caer en la subversion? ¿Sin oponerse, necios y malignos a la fatalidad de cometer el delito? De estos «réprobos», estos abandonados en un vacío social de pertenencia, se espera sin embargo una conducta propia de buenos ciudadanos con deberes y derechos, aunque se les quite toda posibilidad de cumplir algún deber y se les nieguen sus derechos, de por sí muy limitados. ¡Qué tristeza, qué decepción al verlos transgredir los códigos del trato social, las reglas del decoro de quienes los marginan, y creen como única solución encerrarlos en cárceles infectas, de donde si salen lo harán en condiciones extremadamente peores de como ingresaron.

Los que nada recibieron, y puntualmente y estrictamente me refiero a ellos, ¿qué tienen para perder sino los modos de vida que no tienen forma de imitar? Modelos producidos por una sociedad que los impone sin otorgar los medios para adecuarse a ellos. Obligados a permanecer o asociarse a cierta autoridad cómplice llámese policía, legislador o como se quiera, permanecen en estado de repudio, helos ahí frente a la nada, en ese vértigo de la deportación in situ, en espacios carcelarios de los cuales jamas escaparán.

No hago más que rozar el tema de la Inseguridad y sus marchas a contramarcha de nuestra historia; no recuerdo a ninguno de los presentes opositores haber participado de alguna marcha en contra de dictaduras criminales que asolaron nuestra tierra, eliminando a toda una generación de jóvenes pensantes que ansiaban una Argentina en Libertad y Verdad. *

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