La elección en Chiapas

Una nueva dimensión en la lucha por la democracia: tal es la caracterización que nos ha merecido la brega sostenida que viene llevando adelante el pueblo de México contra el escandaloso fraude electoral perpetrado antes, durante y después de la jornada comicial del 2 de julio por el PAN y el PRI coaligados. Esta lucha prosigue sin tregua, con tenacidad y elevado nivel de conciencia, y está por ingresar en etapas definitorias, en vísperas del pronunciamiento del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. De todo ello nos informa puntualmente nuestro corresponsal en México.

En este cuadro complejo ha irrumpido la elección para gobernador del sureño estado de Chiapas, fronterizo con Guatemala. El domingo 27 el Instituto Estatal Electoral (IEE) declaró gobernador electo de Chiapas a Juan Sabines Guerrero, abanderado de la coalición Por el Bien de Todos, integrada por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), el Partido del Trabajo (PT), y Convergencia por el Socialismo, el mismo agrupamiento que a nivel nacional sostiene la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador. Las cifras finales en los 24 distritos electorales arrojaron 553.270 votos por Sabines contra 546.988 por el candidato priista José Antonio Aguilar, con ventaja para el primero de 6.282 sufragios, equivalentes al 0,57%. Al respecto queremos destacar dos hechos.

El primero: el candidato del PRI fue votado conjuntamente por su partido, por el PAN y por el grupo Panal, sector escindido del PRI. Más exactamente: tanto el PAN, que detenta el gobierno nacional, como el Panal, tenían su propio candidato a la gobernación, respectivamente Francisco Rojas y Emilio Zebadúa. Pero en el último tramo de la campaña electoral renunciaron a la candidatura propia para aportar todos sus votos al candidato del PRI. O sea que se reprodujo a nivel del estado el contubernio que están efectuando el gobernante PAN con los anteriores gobernantes del PRI (que nunca se había degradado a ese extremo) para birlarle la victoria al candidato de la izquierda unida.

El segundo: los confederados de última hora presentaron en forma conjunta una impugnación del resultado electoral proclamado por el IEE. Pero no dicen que desde la primera hora el candidato triunfante, Juan Sabines, les ofreció públicamente un recuento total de la votación en el estado, análogo al que está reclamando la coalición a nivel nacional bajo el lema: Voto por voto, casilla por casilla. Y Aguilar y sus seguidores se negaron, temerosos del efecto que podría originar a nivel nacional. Quieren recontar solamente las casillas impugnadas por ellos.

Sabines fue declarado ganador y se le entregó la constancia que lo habilita para ejercer el cargo hasta el 7 de diciembre 2012. Luego se procedió a votar sobre la validez de la elección, que resultó aprobada por 8 votos en 9.

El episodio, inserto en la gran lucha por la limpidez del acto electoral en México, sugiere una reflexión relacionada con nuestro país. Aquí como allá, la derecha sumó sus fuerzas, en una conjunción antinatural, contra la izquierda unida. Aquí lograron retrasar por un período el acceso del Frente Amplio a la presidencia, dado que ya en 1999 éste se había transformado en el primer partido nacional.

Estructuraron al respecto, blancos y colorados juntos, el sistema de balotaje más antidemocrático que existe en el mundo, porque exige ganar con la mayoría absoluta de todos los votos emitidos, o sea, los votos de blancos, colorados y de todos los demás partidos, más los votos en blanco, nulos y observados. A pesar de todo el Frente Amplio ganó. Pero de ningún modo llegó al techo. Con la fuerza de su unidad, la izquierda puede seguir ampliando sus filas, ganando mayor número de sectores y ciudadanos en respaldo a su obra de renovación nacional desde el gobierno.

El ejemplo de Chiapas va en esa dirección. *

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