Hacia un debate profundo
Como quedó expresado en nuestro editorial de ayer, mal puede hablarse de la marcha de las negociaciones para llegar a un tratado de libre comercio con EEUU, siendo que éstas no han comenzado aún.
Ello no ocurrirá sino en octubre, cuando delegados de ambos gobiernos se sienten por primera vez ante una mesa de negociación. Hasta entonces, todo lo que se hable sobre un eventual acuerdo comercial no será sino especulaciones sobre la base de los antecedentes existentes al respecto; se trata de suposiciones sobre un acuerdo hipotético.
Hasta entonces no podremos conocer cuáles serán las condiciones y exigencias que planteará la delegación estadounidense, y deberemos, por tanto, limitarnos a aventurar algunas hipótesis teniendo en cuenta los últimos «modelos» de TLC firmados entre EEUU y otras naciones, como por ejemplo, el recientemente acordado con Perú.
No debemos adelantarnos a los hechos, pero podemos sí empezar a debatir sobre las hipótesis previsibles. Con este criterio, el de prever las posibles ventajas y los posibles inconvenientes, es que está trabajando la comisión interministerial.
Aparentemente, todos los técnicos, economistas, fundamentalmente, que están estudiando el eventual acuerdo comercial con EEUU plantean la necesidad de analizar detalladamente ciertos aspectos concretos.
Claro está que el primer obstáculo que aparece es la incompatibilidad de un acuerdo de esas características con el Mercosur. En ese sentido, el economista José Manuel Quijano entiende que para poder llegar a un acuerdo comercial con EEUU dentro de los parámetros del Mercosur, sería preciso como paso previo hacer un acuerdo marco de los cinco miembros del bloque regional con EEUU, como se hizo con México, y luego, entonces sí, dentro del acuerdo marco, obtener el visto bueno de los otros cuatro miembros para llegar a un acuerdo bilateral profundizado con el gigante del norte.
Independientemente del riesgo que un acuerdo bilateral traería aparejado para las relaciones dentro del bloque regional al que pertenece el país, las objeciones más serias planteadas por quienes se oponen a un tratado inspirado en el modelo peruano apuntan a tres aspectos fundamentales: el problema de las compras gubernamentales, el de la propiedad intelectual y el de los servicios.
En lo que refiere a las compras gubernamentales, el «modelo peruano» de TLC amenaza seriamente a nuestras pequeñas y medianas empresas, que quedarían desprotegidas y deberían enfrentar la competencia extranjera.
Las limitaciones impuestas por las exigencias en materia de propiedad intelectual, a su vez, amenazan la innovación nacional y podría verse perjudicado el acceso de la población a medicamentos genéricos.
Y finalmente, el tema servicios es otro problema que puede plantearse y afectar la economía uruguaya por cuanto la liberalización es una perspectiva cierta que conlleva un riesgo serio.
En fin, son todos asuntos a tener en cuenta y que merecen un debate amplio y profundo.
Entendemos que es de toda pertinencia que se haya abierto el diálogo y se haya instalado en la sociedad uruguaya el debate sobre un asunto de vital importancia para el país, un asunto que puede determinar el rumbo que el país habrá de seguir en el futuro próximo. *
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