El país productivo en marcha
A principios de junio, el gobierno anunció oficialmente el lanzamiento de lo que llamó el «país productivo».
En nuestro editorial del 11 saludamos el hecho señalando que ese rumbo es la apuesta más fuerte del gobierno progresista. Junto con las reformas a estudio, constituye la clave para crecer con justicia social. La reforma educativa –que se halla en una primera etapa de debate–, la reforma tributaria –cuyo análisis ha desatado una fuerte polémica–, el sistema nacional de salud –a implementarse próximamente– y este impulso al modelo de «país productivo» son los pilares sobre los que se asienta el proyecto gubernamental.
Junto con una política laboral diseñada desde el MTSS que ha revitalizado al movimiento sindical y tiende a redignificar al asalariado, el país puede empezar a transitar la senda adecuada.
La expresión «país productivo» no es nueva. Fue acuñada por las fuerzas progresistas como réplica y como alternativa al modelo de país impulsado por la oligarquía financiera, puesto en marcha por la dictadura cívico-militar, y mantenido como ideal de desarrollo por los gobiernos que sucedieron al régimen de facto. El discurso de la derecha vernácula se centraba en la idea de que el destino natural del Uruguay era convertirse en un país de servicios, una plaza financiera y un paraíso fiscal; en definitiva, una republiqueta bananera.
Transcurridos poco más de dos meses de aquel lanzamiento oficial, el jueves pasado el gobierno pudo exhibir algunos logros nada despreciables. En su alocución, el presidente Vázquez manejó cifras que permiten afirmar que el «país productivo» está en marcha. De las 97 medidas propuestas en el Consejo de Ministros realizado en Salto en marzo pasado, medidas que apuntaban precisamente a promover la producción como prioridad, hay nueve que están a consideración del Parlamento; 39 se hallan en distintas fases de ejecución; y 33, en proceso de elaboración.
En esa misma oportunidad, el doctor Vázquez reafirmó ciertos conceptos emitidos anteriormente.
«No defendemos cualquier tipo de inversión que llegue al país, porque los negocios, para ser buenos, no necesitan ser turbios. Defendemos las buenas inversiones que con transparencia y claridad generen puestos de trabajo dignos y respetables para todos los uruguayos».
Queda claro que el gobierno no está dispuesto a lograr el desarrollo y el crecimiento a cualquier precio. Sin olvidar la imperiosa necesidad de crecer, de promover las exportaciones y la inversión, el gobierno actual apuesta a otro modelo de crecimiento y elige caminos diferentes a los propuestos por los gobiernos anteriores.
Desde algunos sectores de la izquierda se urge al gobierno a adoptar ya las medidas e imponer los cambios anunciados. No obstante, por más legítimo que sea el reclamo, es preciso tener en cuenta que todo proceso de cambios es necesariamente lento; ningún gobierno está en condiciones de cambiar un modo de producción y de desarrollo de la noche a la mañana. Es preciso ir dando pasos seguros que vayan encaminando al país por esa senda, pero es condición de primer orden no actuar con apresuramientos pues ello aumenta el riesgo de cometer errores que pueden resultar demasiado caros.
En definitiva, el panorama es auspicioso. La realidad actual, más allá de discrepancias inevitables en toda fuerza política –y muy especialmente en una coalición de izquierdas cuyos integrantes exhiben perfiles ideológicos definidos– muestra un país que se encamina hacia un modelo de desarrollo nacional cuyo objetivo primordial es el bienestar de la gente. *
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