Información, poder, democracia
Quien maneja información, maneja poder. La afirmación viene a cuento por la aparición del libro «Derecho de Información y Negociación Colectiva», cuyo autor es un queridísimo amigo: el doctor Héctor Zapirain.
Tema que es una de las cuestiones fundamentales para la negociación colectiva sin duda. Pero mucho más para la afirmación y profundización democrática. Se afirma en el libro que «la novedad de nuestro tiempo es el ingreso del conocimiento/información a la esfera de la mercancía y del mercado». Porque esos bienes públicos «han pasado a ser considerados bienes de dominio privado, respecto de los cuales su titular» cree tener «un derecho excluyente frente a los demás».
Teoría, ni siquiera eso, más bien práctica, que se basa en afirmaciones que más temprano que tarde expirarán por «demodé».
En la actual coyuntura nacional, con un sistema de relaciones laborales cambiante, sustancialmente diferente al de años atrás, el tema de la información cobra trascendencia. Un país que proyecta su futuro económico y social no puede prescindir de la misma, plenamente desarrollada, además. Si no ¿cómo discutir a conciencia un gobierno con el resto del sistema político? ¿Cómo darle contenido a la democracia si los adelantos técnicos, que vienen aceleradísimos, no son puestos en conocimiento de empresarios, trabajadores y otras organizaciones, en un fluir constante de arriba a abajo y viceversa?
En momentos en que se está discutiendo una futura ley de negociación colectiva, surgen interrogantes elementalmente primarias. ¿Cómo encarar una discusión sobre salarios, productividad, tema este que de una vez por todas debe dejar de ser «tabú», si sólo una de las partes maneja la información acerca de las variables económicas financieras de la cuestión?
Muy bien ha expresado el ministro Astori que lo que diferencia a este gobierno son las reformas estructurales. Son notorios los cambios que se procesan en las relaciones laborales uruguayas. Agreguemos la reforma tributaria, la salud. Son hechos que no se dan todos los días, ni todos los meses ni todos los años. Vendrán otras. Sólo es cuestión de oportunidad.
Pues bien. Nadie, repito, nadie, podrá quejarse de no haber estado en conocimiento de lo que se propone en materia tributaria y de salud y relaciones laborales.
La información y transparencia han sido totales. ¿Que hubo errores? Por supuesto. ¡Bueno sería que no! Y se cometerán otros, sin duda. Precisamente la sociedad se entera de los errores porque hay información, claridad.
La Confederación Empresarial de Uruguay – CEDU ha planteado la necesidad de un pacto en el Uruguay. ¿Acaso no existe en cualquier sociedad, la que sea, un pacto vigente? Es la única forma en que la historia ha encarado la vida en sociedad. A no asustarse entonces ni hacer tremendismos. Se le podrá llamar pacto, acuerdo, concertación.
El nombre es lo de menos. El país tiene experiencia en tal sentido. Una de ellas, más allá de sus resultados, fue la Conapro a la salida de la dictadura. Por tanto insisto: nada de intimidaciones.
Pero no es a ello que quiero referirme, sino a la información, ese bien público hoy privatizado.
Finalizo la nota con una expresión del doctor Zapirain: «Libre circulación de información y el derecho de los ciudadanos y organizaciones a recibir, requerir y acceder a la información componen un factor imprescindible para la vida social y desarrollo de la cultura democrática. Democracia e información son dos conceptos coexistentes. No existe el uno sin el otro…»
Bienvenido entonces este excelente libro. *
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