Canaán, la bíblica

Escrito por: NIKO SCHVARZ

Martes 08 de agosto de 2006 | 3:37
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EN UNA NOTA reciente me referí a la masacre perpetrada por el ejército israelí en un refugio de Caná, en el sur del Líbano. Decía que este poblado (que allí se escribe Qaná) es la bíblica Canaán donde Jesús predicó y transformó el agua en vino. No estaba seguro si no era allí también que había multiplicado los panes y los peces, pero el Nuevo Testamento me sacó de dudas. Mateo habla de la multiplicación de los panes y los peces en 14:16 y en el versículo 20 dice que “comieron todos y se hartaron; y alzaron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas”, para aclarar en el siguiente que “los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin las mujeres y los niños”. Después Jesús camina sobre las aguas y repite la multiplicación de los alimentos, esta vez para cuatro mil hombres (15:34 a 38). Marcos narra la misma historia, con cifras casi idénticas de 6:36 en adelante, lo mismo que Lucas en 9:13 hasta el versículo 17, en que repite las palabras de Mateo.

Hay que llegar a Juan para encontrar el episodio de la transformación del agua en vino, que transcurre precisamente en Caná en ocasión de unas bodas. Leemos al comienzo del capítulo 2: “Y al tercer día hiciéronse unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fue también llamado Jesús y sus discípulos a las bodas. Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen. (…) Y estaban allí seis tinajuelas de piedra para agua, conforme a la purificación de los Judíos, que cabían en cada una dos o tres cántaros. Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba. Y díceles: Sacad ahora, y presentad al mestresala. Y presentáronle. Y como el mestresala gustó el agua hecha vino (…), llama al esposo y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están satisfechos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen vino hasta ahora.”

Veinte siglos después, hechos de otra índole conmueven a Caná y al mundo. El bombardeo israelí a un refugio segó la vida de decenas de niños y mujeres. Las escenas captadas cuando sacaban a las pequeñas víctimas de los escombros eran estremecedoras. Por añadidura seguían bombardeando las zonas próximas e impedían la llegada de ambulancias y ayuda humanitaria. El ejército israelí declaró que había sido un error (los famosos daños colaterales) y que de haber conocido la existencia de civiles no habría atacado. La excusa no es válida. Primero, porque mataron en otro bombardeo a los miembros de la misión de la ONU en el Líbano (Finul) –un crimen de lesa humanidad–, a pesar de que se identificaron debidamente por lo menos diez veces. Más aun, con premeditación y alevosía anunciaron oficialmente que cesarían los ataques y los prosiguieron hasta el arrasamiento del edificio y la muerte de sus ocupantes. En realidad, el ejército israelí monta un operativo en varios tiempos: bombardea las carreteras y los puentes hasta tornarlos inutilizables. Luego incita a los pobladores a abandonar los refugios y los ametrallan en las zonas abiertas. Una trampa mortal, que ya ha segado la vida de casi un millar de libaneses.

La tregua que Israel anunció no duró ni un minuto, y fue reemplazada por la intensificación de la escalada, Beirut fue nuevamente bombardeada y cortadas sus comunicaciones, las tropas israelíes llegaron a la frontera siria. La perspectiva es la reiteración de estos horrores. *

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