Escrito por: NIKO SCHVARZ
EN UNA NOTA reciente me referà a la masacre perpetrada por el ejército israelà en un refugio de Caná, en el sur del LÃbano. DecÃa que este poblado (que allà se escribe Qaná) es la bÃblica Canaán donde Jesús predicó y transformó el agua en vino. No estaba seguro si no era allà también que habÃa multiplicado los panes y los peces, pero el Nuevo Testamento me sacó de dudas. Mateo habla de la multiplicación de los panes y los peces en 14:16 y en el versÃculo 20 dice que “comieron todos y se hartaron; y alzaron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas”, para aclarar en el siguiente que “los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin las mujeres y los niños”. Después Jesús camina sobre las aguas y repite la multiplicación de los alimentos, esta vez para cuatro mil hombres (15:34 a 38). Marcos narra la misma historia, con cifras casi idénticas de 6:36 en adelante, lo mismo que Lucas en 9:13 hasta el versÃculo 17, en que repite las palabras de Mateo.
Hay que llegar a Juan para encontrar el episodio de la transformación del agua en vino, que transcurre precisamente en Caná en ocasión de unas bodas. Leemos al comienzo del capÃtulo 2: “Y al tercer dÃa hiciéronse unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allà la madre de Jesús. Y fue también llamado Jesús y sus discÃpulos a las bodas. Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen. (…) Y estaban allà seis tinajuelas de piedra para agua, conforme a la purificación de los JudÃos, que cabÃan en cada una dos o tres cántaros. DÃceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba. Y dÃceles: Sacad ahora, y presentad al mestresala. Y presentáronle. Y como el mestresala gustó el agua hecha vino (…), llama al esposo y dÃcele: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están satisfechos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen vino hasta ahora.”
Veinte siglos después, hechos de otra Ãndole conmueven a Caná y al mundo. El bombardeo israelà a un refugio segó la vida de decenas de niños y mujeres. Las escenas captadas cuando sacaban a las pequeñas vÃctimas de los escombros eran estremecedoras. Por añadidura seguÃan bombardeando las zonas próximas e impedÃan la llegada de ambulancias y ayuda humanitaria. El ejército israelà declaró que habÃa sido un error (los famosos daños colaterales) y que de haber conocido la existencia de civiles no habrÃa atacado. La excusa no es válida. Primero, porque mataron en otro bombardeo a los miembros de la misión de la ONU en el LÃbano (Finul) –un crimen de lesa humanidad–, a pesar de que se identificaron debidamente por lo menos diez veces. Más aun, con premeditación y alevosÃa anunciaron oficialmente que cesarÃan los ataques y los prosiguieron hasta el arrasamiento del edificio y la muerte de sus ocupantes. En realidad, el ejército israelà monta un operativo en varios tiempos: bombardea las carreteras y los puentes hasta tornarlos inutilizables. Luego incita a los pobladores a abandonar los refugios y los ametrallan en las zonas abiertas. Una trampa mortal, que ya ha segado la vida de casi un millar de libaneses.
La tregua que Israel anunció no duró ni un minuto, y fue reemplazada por la intensificación de la escalada, Beirut fue nuevamente bombardeada y cortadas sus comunicaciones, las tropas israelÃes llegaron a la frontera siria. La perspectiva es la reiteración de estos horrores. *
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