Respetar la soberanía del pueblo cubano

LA REPUBLICA, nacida en 1988, poco antes de la destrucción del muro de Berlín y de la caída del mal llamado «socialismo real», ha mantenido –en estos 18 años de lucha por el cambio y por hacer realidad las utopías– un compromiso irrenunciable e inquebrantable con el formidable fenómeno de la Revolución Cubana.

Nunca fue –y nunca lo será– una adhesión incondicional u obsecuente con el régimen político que impera en la isla. No se trata de eso. Se trata, simplemente, de la defensa de una experiencia única e irrepetible: la epopeya del pueblo cubano que, a escasas millas marítimas de territorio estadounidense, decidió soberanamente construir una sociedad más justa y solidaria, en lo que constituyó un desafío monumental a la superpotencia imperial.

No en vano una de las primeras medidas adoptadas por Washington, transformada en símbolo de agresividad y prepotencia, fue la instauración de un bloqueo que aun hoy, luego de más de cuarenta años, persiste incólume tratando de ahogar económicamente al pueblo cubano y su revolución. Tampoco podemos olvidar la agresión militar orquestada y financiada por la Casa Blanca que se llevó a cabo en Bahía de Cochinos en abril de 1961, invasión reaccionaria y criminal derrotada definitivamente a los tres días del desembarco de los conjurados. Después, durante el lapso transcurrido desde entonces, la pequeña isla sufrió –además del bloqueo vitalicio– innumerables agresiones y atentados criminales destinados a minar el prestigio del gobierno revolucionario y que apelaron a todos los medios imaginables para lograr su fin, incluidos los métodos típicamente terroristas empleados por la reacción conservadora con la anuencia del imperio.

No obstante los medios y el apoyo estadounidense, todos los intentos de desestabilizar al gobierno cubano fracasaron estrepitosamente merced a la lucha heroica del pueblo, siempre dispuesto a defender sus conquistas materiales y su dignidad.

LA REPUBLICA, más allá de luces y de sombras, de aciertos y errores en el proceso cubano, ha estado siempre en primera línea en la defensa de ese proceso que la historia habrá de recoger como un hito, como un hecho singular de proporciones y de efectos incalculables.

La Revolución Cubana, que marcó a una generación de latinoamericanos del mismo modo que la defensa de la República Española había marcado a la generación anterior, es un hecho histórico sin precedentes en la peripecia económica, social y política de las naciones que conforman Latinoamérica.

En esta misma edición, en la página 36 de nuestra sección Cultura, se publica íntegra la declaración firmada por más de 400 personalidades de reconocido prestigio internacional que reclaman el respeto irrestricto de la soberanía del pueblo cubano. En momentos en que el imperio trata de aprovechar la coyuntura especial que vive la sociedad cubana como consecuencia de la enfermedad de su líder, adherimos a estas voces que se levantan más allá de discrepancias para rechazar los subterfugios imperiales, cuyo único objetivo es desestabilizar al régimen revolucionario cubano como forma de lograr una contrarrevolución.

Vale la pena recordar y resaltar que el secretario de Comercio estadounidense, Carlos Gutiérrez, opinó que «llegó el momento de una verdadera transición hacia una verdadera democracia», y el vocero de la Casa Blanca, Tony Snow, dijo que su gobierno está «listo y ansioso para otorgar asistencia humanitaria, económica y de otra naturaleza al pueblo de Cuba», lo que acaba de ser reiterado por el presidente Bush.

En esta conjura contrarrevolucionaria no podía faltar la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, quien ha manifestado la «urgencia de trabajar hoy para garantizar que la estrategia de sucesión del régimen de Castro no tenga éxito». El Departamento de Estado está dispuesto a lo que sea para interferir en el proceso cubano y salirse con la suya.

No sólo está en peligro el proceso revolucionario cubano. También lo están su soberanía, su independencia y su libre autodeterminación.

Debemos unir nuestras fuerzas contra las amenazas. *

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