Declaraciones del coronel: el mismo discurso gastado
El país asiste a una singular exhibición de declaraciones por parte de un oficial del Ejército detenido. Contrariamente a lo que aparenta, su «celebridad» nace del hecho de que pesan sobre él varias acusaciones serias y fundadas sobre su conducta en el período de la dictadura.
La exhibición consiste en un trabajo cuyos contenidos esenciales el público uruguayo ya conoce. Tanto la música como la letra tienen estado público en el país desde principios de la década de los setenta.
«Estado público» de un discurso acerca del que se podría decir que más que dirigido le fue propinado al pueblo uruguayo.
Los cambios vienen resultando atractivos para jóvenes periodistas que, por razones generacionales, no están necesariamente familiarizados con las versiones originales de las obras que ahora, en otro escenario –la Cárcel Central– y con otro vestuario –el desaliño de un preso— interpreta el ex coronel Gilberto Vázquez.
Tras el interés periodístico efímero que puede suscitar el individuo y su peripecia de fuga, lo que queda en pie del testimonio de Vázquez, como contribución al conocimiento del pasado, contiene muy pocos elementos nuevos.
Los dichos del oficial preso evocan la expresión aplicada a criminales de guerra de la «banalización del mal».
Un recurso aplicado a ese fin es emplear giros expresivos que minimizan la importancia de los hechos, su significación humana. «Yo, intervine en cosas embromadas», «yo apreté gente», agrega.
¿Qué se quiere decir con esas expresiones pretendidamente malevas? Hacer desaparecer por treinta años a una familia entera ¿es intervenir en cosas embromadas?
Apretar gente, ¿es torturarla hasta la muerte?
Otra de las viejas monsergas de Gilberto Vázquez remite a que en aquellos tiempos se asistía a una guerra. Una guerra en la que estaba en peligro la soberanía del país y en la que las Fuerzas Armadas actuaron como el último bastión en defensa de la patria. Esta composición se ha difundido con distintas variaciones: con música de marcha militar en cadenas de radio y televisión o con la música más bien campera de algún conjunto musical de apoyo al proceso. Se ha invocado por las derechas tradicionales una y otra vez en el Parlamento y ha alimentado buena parte del discurso mediático y desmovilizador de la dictadura y los gobiernos civiles que la siguieron.
Finalmente, el desparpajo del declarante preso no deja de sorprender y de desagradar. ¡Hasta se siente con autoridad como para repartir premios con relación a personas o a organizaciones a las que se enfrentó y a las que reprimió ferozmente durante los años de plomo.
Gran parte del desubique del ex coronel Gilberto Vázquez nace de su absoluta incomprensión de la realidad en que vive, en los tiempos que vive y en las vivencias y convicciones de sus conciudadanos en lo atinente a la dictadura y sus delitos.
No se trata solo de un problema personal, un despiste propio, específico. Se trata más bien de una mentalidad que ha vivido al margen de la evolución de la sociedad uruguaya. Una mentalidad de cruzados que, confinados en los grupos pequeños y en los casinos de oficiales, han terminado creyendo que el mundo era tal como ellos lo veían y tal como creían tenerlo en su puño algunos militares llamados a cumplir gloriosamente con el mandato de la historia.
Atrás de estas mentalidades autoritarias hubo y hay muchas cavilaciones civiles, muchos discursos togados y una buena porción de seguidismo de las recetas del pensamiento único fumigadas desde los Estados Unidos. *
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