Los abuelos postergados

Cada vez que llega junio nos acordamos de los abuelos, demostrando el desinterés de los uruguayos por sus familiares mayores de edad, al desvalorizar sus gestiones, sin apreciar la alegría de contarlos junto a ellos.

Los gobernantes del país han hecho lo mismo, sin afectar sus creencias filosóficas, ni las diferentes ideologías políticas existentes; nunca consideraron el 19 de Junio como el día tan particular que es. Ya que a lo largo de cada año se conmemoran diferentes aniversarios, ya sean históricos, religiosos o comerciales, como el 1º de Enero, 19 de Abril, 18 de Mayo, 18 de Julio, 25 de Agosto, 12 de Octubre, 2 de Noviembre, 25 de Diciembre y los creados por el comercio como el Día de la Madre, el Día del Padre o el Día del Niño.

Cuando el 19 de Junio es nada menos que la fecha en la que se recuerda el nacimiento del Prócer de la Patria y recibe el cariño de la gente. Es que las personas mayores son respetadas en numerosos países, estimándolos por su experiencia y sabiduría, mientras que, en el Uruguay se les considera una carga social y mejor sería que no estuvieran molestando. En muchos casos son refugiados en albergues o aquellos que llegaron a trabajar por el progreso nacional, se jubilaron sufriendo una política salarial infame.

Actualmente se está observando una rectificación del aspecto social entre los compatriotas, pero sin embargo, a pesar de que ahora hay un nuevo ministerio, ese menosprecio sigue latente. Lo prueba el hecho de que esta ocasión se repetirá este año, ya que a esta altura se desconoce cualquier iniciativa al respecto.

Con muy poco se podría conformar a nuestras queridas abuelas y abuelos, sin pensar en que se les otorgue una cantidad de dinero, es posible brindarles una atención a todas las personas mayores de 65 años, que tal vez la mayoría son abuelos, y aunque algunos no lo fueran, igual merecen un reconocimiento oficial por estar conviviendo en la sociedad.

Muchas empresas comerciales están en condiciones de colaborar con la donación de sus productos, que se convierten en pequeños motivos que alegran cariñosamente a nuestros ancianos. Una bufanda, una gorra, una caja de bombones, un licor, una grapamiel, un libro, los tiques alimentación, en fin, infinidad de posibilidades para satisfacer la ansiedad contenida en los ancianos.

No habría que descartar un pequeño aporte económico, ya que con 200 o 300 pesos, el ministerio no se va a fundir. Abuelas y abuelos merecen una mejor consideración de parte de la sociedad y las autoridades deberían impulsar todo tipo de acciones en favor de ellos. No se necesita mucha plata, ya que con iniciativas creadoras se puede lograr el resultado más satisfactorio.

Se llame Desarrollo Social, Previsión Social o Seguridad Social, lo que importa es que se accione en beneficio de nuestros seres tan queridos.

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