Cumbre del Mercosur en Montevideo

En LA REPUBLICA del 28 de junio se informa en la página 7 que el presidente Tabaré Vázquez será «malvenido» en Córdoba el 20 de julio por la Asamblea de Gualeguaychú cuando se reúna la Cumbre del Mercosur, y que se están preparando las medidas, léase las provocaciones.

El gobierno argentino eligió Córdoba en lugar de Buenos Aires para la entrega de la Presidencia del Mercosur de Argentina a Brasil, pero por lo visto la mayor distancia no arredra a los que con los cortes de los puentes del litoral ya han demostrado de lo que son capaces.

Y el presidente Kirchner no pudo o no quiso impedir el ataque a la libertad internacional de circulación, que ocasionó 500 millones de dólares de pérdidas al Uruguay y significó la violación de múltiples tratados, incluido el del Mercosur.

En Córdoba pueden suceder dos cosas: que Kirchner no tenga más remedio que dar algunos palos, contrariando su línea de respetar incluso a los piquetes, o que deje hacer, exponiendo al presidente Vázquez y no sólo a él sino a los demás presidentes a unos riesgos difíciles de calcular.

Hoy por hoy no hay ninguna seguridad para una conferencia tan importante en ningún lugar de la Argentina y, por tanto, la opción correcta es hacerla en la capital del Mercosur, en su sede de Montevideo.

Esto no sólo es lo mejor para Vázquez, Duarte, Lula y Chávez, sino también para el propio Kirchner, porque la sede de Montevideo también le pertenece y el representante permanente es argentino. Y Kirchner seguiría siendo el presidente del Mercosur hasta que finalice el evento.

Este gesto de Kirchner sería muy, pero muy apreciado por todos los pueblos, y confirmaría con creces su posición actual de llegar a acuerdos con Uruguay en el tema de las plantas de celulosa, al que hoy se agrega una idea excelente del ministro José Mujica, que propone que las fábricas de papel se establezcan en Entre Ríos. La celulosa en Uruguay y el papel en Entre Ríos.

Al pueblo uruguayo le costó muchos, muchos años alcanzar el gobierno en 2005. Son más de cien años de la historia de nuestra izquierda, desde los primeros sindicatos y partidos. Y no queremos poner en riesgo ahora al Presidente por el que tanto luchamos y que es nuestra mayor esperanza. Seríamos incluso capaces de oponernos a que viaje contra la voluntad popular. *

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