El presupuesto quinquenal del gobierno de coalición

Héctor Morales Techera

Finalmente el 31 de agosto pasado, fecha límite establecida por la Constitución, el gobierno rosado de Batlle, Lacalle y Sanguinetti hizo llegar al Parlamento el proyecto de ley del Presupuesto General de Sueldos, Gastos e Inversiones contenido en 62 páginas, con un total de 393 artículos.

Más allá de que aún no hemos tenido el tiempo suficiente para conocer su contenido en detalle, podemos afirmar sin lugar a dudas que la austeridad del proyecto es aún más severa que lo que nos temíamos. Solamente habrá aumentos salariales para la enseñanza, policías y militares y ni siquiera los socios respetarán los acuerdos realizados el 6 de noviembre. Tampoco habrá gran cosa para el sector agropecuario, salvo la exoneración del pago de contribución inmobiliaria para los productores con menos de 50 hás a costa de las Intendencias respectivas y la exoneración de hasta 18% en ese mismo impuesto para los restantes.

Si se aprovecha en forma inconstitucional la Ley de Presupuesto para terminar de liquidar a AFE y Pluna, para privatizar Ancel y para continuar con el clientelismo político a través de la contratación de cargos de alta especialización, además de las trampas que puedan estar ocultas en la derogación de múltiples artículos de otras leyes que por razones de tiempo aún no hemos podido detectar.

Antes de emprender su viaje a los EEUU, el doctor Batlle afirmó que el destino de los uruguayos no estaba más en las leyes presupuestales y que hay que apostar a la competitividad. Nos preguntamos en qué, puesto que no hay inversión privada ni pública. El Presidente percibe un suculento sueldo más viáticos, más gastos de representación por hacer chistes tontos, dignos de un anciano grotesco, que sólo festejan con hipocresía los de su entorno, mientras el pueblo se debate en la miseria más cruel de su historia. No todos tenemos su suerte ni la del doctor Lacalle, que seguramente ha de ser recompensado por las transnacionales que se queden con el país si el doctor Batlle sigue haciéndole caso. Tampoco tenemos la suerte de ser hijos del contador Davrieux o de algunos de sus correligionarios para poder acceder a un suculento contrato por arrendamiento de obra para cumplir tareas totalmente innecesarias. Pensamos también en Ana Lía Piñeyrúa o Julio Herrera, que cobran un excelente subsidio además de sueldos principescos en los laburitos que tuvieron la suerte de conseguir en la OIT y la Olade.

El doctor Batlle debería saber que solamente podremos competir si en este momento, en que no hay inversión privada, a través de la Ley de Presupuesto el Estado que preside, pero que nos pertenece a todos los uruguayos, destine grandes partidas para obra pública, para servicios sociales, para aumento general de salarios y jubilaciones que permita reactivar el mercado interno y dinamizar la economía.

A esta altura, ya debería saber el doctor Batlle que las leyes también pueden servir para traer felicidad y bienestar a los pueblos. Todavía está a tiempo de corregir esa omisión cuando envíe el mensaje complementario.

 

* Dirigente de COFE

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