El miedo a la participación nace del temor a las ideas
Los medios condicionan los fines y ello también se manifiesta en la Educación. Por eso, tanto cuando se proyectan cambios en los sistemas educativos o cuando ellos están en funcionamiento, el que haya participación o exclusión de los distintos actores de la vida social nos está dando la pauta de qué proyecto educativo se trata.
La historia reciente puede ejemplificarnos al respecto. En el período dictatorial, «pedagogía de los coroneles» mediante, se excluyó en forma expresa la participación de los docentes, padres, estudiantes y de la sociedad en general para la elaboración de las políticas educativas y de los planes y programas, como asimismo también a nivel micro en lo que hace al funcionamiento de los centros docentes. Se trataba de instalar un sistema autoritario acorde al régimen que se vivía, en el que no hubiera lugar para el espíritu crítico, la libertad, la democracia y la solidaridad. El adoctrinamiento, la verdad oficial y la violación a la laicidad para imponer una visión reñida con la democracia eran incompatibles con la participación a todos los niveles. A tal extremo se llegó, que podemos, en un ejemplo al parecer pequeño, y sin embargo muy significante, mostrar cómo hasta a nivel de los propios niños se impidió participar en los aspectos de la vida escolar: las comisiones de la Cruz Roja Escolar se elegían por los propios niños en elecciones por voto secreto donde participaban sus pares en un ensayo de democracia electoral altamente educativo. Con la dictadura ello se prohibió y estas comisiones de niños pasaron a ser de designación directa.
La salida de la dictadura y la restauración democrática trajeron niveles de participación de actores sociales y políticos en los cambios educativos, lo que trajo un modelo educativo que superó al anterior, donde principios que siempre fueron muy caros en la Educación Pública volvieron a hacerse realidad. Ello vino de la mano de los ámbitos instalados en la Conapro (Concertación Nacional Programática) y de la reinstalación y extensión de las Asambleas técnico docentes.
No obstante lo anterior, el estímulo a la participación de los distintos actores desde los ámbitos del gobierno de la Educación fue escaso y con frecuencia restringido: venga a la memoria cómo la conocida «reforma Rama» fue elaborada prescindiendo de la participación de los sectores más directamente involucrados.
Se quiso aplicar a rajatabla un modelo educativo elaborado en círculos restringidos y por tanto no se podía dar participación a quienes pudiesen pensar distinto. La vida dio una lección concluyente: generó el rechazo generalizado y cambios inmediatos en la primera oportunidad. Sólo la participación profunda y generalizada pude generar acuerdos y decisiones sustentables en el tiempo. Lo que se elabora en el fundamentalismo de la falta de participación termina en una fragilidad extrema.
El miedo a la participación nace del temor a las ideas. El enriquecimiento con las más variadas posturas para construir modelos educativos que interactúen en la sociedad, surge de la participación y permite las permanentes modificaciones que la realidad demanda. Cuando se generan procesos participativos en la sociedad, todos queremos resultados.
El lograrlos permite dar credibilidad. Por eso, debe haber tiempos para debatir, tiempos para decidir y tiempos para ejecutar.
La participación en la Educación de los más variados sectores de la sociedad debe darse a través de reglas claras, que permitan que se dé a distintos niveles y en distintos ámbitos, evitando caer en formas anarquizantes que terminan siempre en la frustración.
El debate educativo rumbo a una nueva Ley de Educación permitirá nutrirnos a todos de distintas posibilidades de participación de los actores sociales en el sistema educativo. A nivel de centros docentes, hay experiencias dignas de elogio, donde los estudiantes a través de delegados de clase y gremiales participan en ámbitos junto a las direcciones, creándose un fuerte sentimiento de pertenencia a la institución que permite compromisos altamente satisfactorios.
Lo mismo a nivel de padres, donde debe revertirse un sistema en el cual las comisiones de fomento escolar terminan siendo de fines puramente recaudadores, quitándoles la posibilidad de importantes aportes para el centro educativo y el medio en el cual está inmerso. Tenemos que debatir y encontrar cuáles son las formas y niveles de participación que en el sistema educativo deben tener además de los alumnos y los padres, los docentes, los funcionarios de apoyo, los egresados, los trabajadores y los empresarios. Cómo conjugar ello con el sistema democrático- representativo de la sociedad uruguaya forma parte del debate educativo. *
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