Las soluciones peligrosas

Cualquiera sea el pronunciamiento que emane del tribunal de La Haya, el conflicto generado no tendrá solución ahora y quizás deberemos esperar que pasen algunas generaciones, antes que el tema sea debidamente tratado.

Si el tribunal de La Haya da la razón a Uruguay, el precio político para las autoridades argentinas será duro de pagar, pero más dura será la herida producida en la indiosincrasia de nuestros vecinos que siempre se comportan en relación a nosotros, orientados por un insuperable complejo de inferioridad.

Si la razón se la otorga este tribunal a la Argentina, los uruguayos quedaremos masticando el resentimiento de haber sido tratados injustamente, de haber sido mancillado nuestro derecho de desarrollo y crecimiento económico. Esto, claro está, por ser un país pequeño al que nadie quiere tomar en serio.

El Mercosur será la otra víctima irremediable. Si dentro del Mercosur nos tratan de manera tan desventajosa, es justo preguntarse ¿qué hacemos allí? Y si no estamos allí tendremos que estar en otro lado junto a otros aliados, no es descabellado pensar en un TLC. Por la otra parte, el rol preponderante de una gran nación como la Argentina se verá amenazado, y el ganador será el Brasil que adquirirá un rol más hegemónico dentro de la alianza.

Para el Tribunal de La Haya la cuestión tiene un carácter filosófico casi insolucionable; lo más lógico de pensar sería: sí, los dos tienen razón. Pero no se puede construir y no construir una planta de celulosa al mismo tiempo.

Durante años me he desempeñado como mediador en conflictos civiles y penales de carácter menos grave. Lo que rápidamente aprendí es que los conflictos son en realidad elementos dinamizantes, y no necesariamente negativos. Las que sí pueden llegar a ser peligrosas son la soluciones dadas a un conflicto. Hay conflictos que no tienen soluciones o que no tienen soluciones inmediatas. Por lo tanto lo más importante es aprender a vivir y convivir con el conflicto. Si la madurez de las partes es la deseada, se puede incluso lograr hacer de este conflicto un elemento positivo de crecimiento tanto en lo moral como en lo material.

Todos estamos de acuerdo que la actividad humana es contaminante. Bien. ¿Cómo hacemos para disminuir esta contaminación? Si llegado el caso la fábrica de celulosa representa un riesgo para el medio ambiente, la solución no es quitar la fábrica, sino eliminar al máximo la contaminación. Digan lo que digan los especialistas y los otros supuestos especialistas, yo vivo en medio de esta realidad y he visto y experimentado este proceso con una fábrica mil veces más contaminante: la producción de níquel. Hoy lo que antes era un desierto, se ha trasformado en grandes espacios verdes poblados de árboles, al tiempo que la producción de níquel aumentó.

Si alguien pensó que el conflicto desatado y atado en las márgenes del Uruguay tenía como razón el medio ambiente y la contaminación, desde ya le puedo asegurar a mi nombre, «que está meando fuera ‘el tarro». *

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