El camino más higiénico para Gregorio Álvarez

Apenas asumida la presidencia de la republica, en 1981, en plena dictadura, el General Gregorio Álvarez se dispuso a realizar una gira triunfal por todo el país.

En Artigas, vaya uno a saber por qué razones allí, a un periodista se le ocurrió una pregunta tan sencilla y tan esencial que hasta el momento nadie se había atrevido a formular públicamente. Se vivía lo que se denominó -por parte de los propios generales del proceso- el período de transición hacia la democracia.

Un periodista le preguntó al general Gregorio Alvarez acerca de qué ocurriría con las denuncias de las violaciones de los derechos humanos que dentro del país empezaban a expresarse. Sin vacilaciones el general Álvarez respondió: «Acerca de lo que hemos hecho no tenemos nada que ocultar. Asumimos, defendemos y reivindicamos todo lo hecho por los gobiernos del proceso. Hemos salvado a la patria. No tenemos nada que ocultar. El resultado de lo hecho está ahí». Por supuesto que este flirteo con la verdad fue efímero. Flor de un día, como los amores de estudiante, siendo que Alvarez no era estudiante y los sentimientos que presidían su acción pública eran cualquier cosa menos amorosos. Cuando volvió de la gira, en Montevideo, se encontró con que el resto de lo aguerridos generales del proceso no estaban tan convencidos como él acerca del valor purificador de la verdad. De modo que, lo presionaron, y unos días después se afilió a la tesis, brutal pero sencilla, de revisionismo jamás.

Ahora Alvarez anuncia que comparecerá ante la justicia en el proceso en torno a la desaparición forzada del militante del MLN Washington Barrios, en la Argentina en 1974.

Ese expediente ya contiene los testimonios de Ernesto Rama y José Gavazzo, quienes además participaron de un careo con los familiares de la persona detenida-desaparecida.

Dados los antecedentes de la situación y del rol preponderante cumplido por Alvarez en el golpe de estado de junio de 1973, y en el proceso de instalación del régimen cívico-militar, lo razonable y deseable sería que él asumiera una actitud de defensa de lo actuado, por él, sus colaboradores y subordinados de aquel período.

Sería sano para el curso del pensamiento político institucional del país, que alguien asumiera la defensa política y jurídica de lo actuado.

¿Quién sino Alvarez, que redactó, o dio el visto bueno a la mayor parte de las normas, leyes y decretos, reglamentos, órdenes de servicio, que estrangularon a todas las voces de la oposición, masacraron todo pensamiento disidente y persiguieron a todo uruguayo que enunciara un pensamiento propio e independiente?

Es necesario que se verbalice la defensa irrestricta de la dictadura tal como lo ha sostenido y sostiene no solo Gregorio Álvarez, sino los diez comandantes del Ejército que firmaron junto con él una declaración pública.

Ese pensamiento de justificación del golpe de estado y defensa de la dictadura militar todavía tiene eco en algunos bolsones todavía no exentos de gravitación.

De ahí la extrema conveniencia higiénica de que sea enunciado con claridad cuando de lo que se trata es de examinar, no la vigencia genérica de ciertos principios históricos  el golpismo, la tortura- sino de analizar el caso específico de la desaparición forzada de una persona y del conjunto de atrocidades que se perpetraron alrededor de esa desaparición.

Dicho de otra manera, es el momento de pasar del concepto de seguridad nacional, al destino de un ser humano, en este caso, Washington Barrios y de los familiares que lo rodeaban.

El sinceramiento de Alvarez no dejaría de ser una contribución en el proceso de afianzamiento de la institucionalidad democrática en nuestro pais. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje