Los obispos latinoamericanos ante la pobreza
Todos sabemos la crítica situación social que atraviesan las naciones latinoamericanas. El retraso en el desarrollo económico, las «deformaciones» impuestas desde los grandes centros del poder económico mundial, la miopía de las clases dirigentes vernáculas, todo ha contribuido a un permanente deterioro de las condiciones sociales, sanitarias, culturales y de seguridad en que viven millones de hombres y mujeres en nuestro subcontinente.
Desde hace mucho tiempo también distintos movimientos nacionalistas y democráticos han intentado alterar las reglas de juego que reproducen el subdesarrollo y aumentan las diferencias entre los ingresos de los países centrales y las magras rentas que tienden a quedarse en las regiones de la periferia.
Con demasiada frecuencia esos movimientos populares terminaron abortados por la acción de las fuerzas conservadoras de cada nación latinoamericanos y de sus aliados externos. El destino del golpe que puso fin al gobierno de don Salvador Allende tiene precedentes en varios países y también se verifican con posterioridad situaciones que reprodujeron el modelo de interrupción pinochetista.
Vivimos hoy un momento de intensas movilizaciones populares y de cambios en las orientaciones políticas predominantes. En este contexto, de nueva dinamización política y social, la prensa internacional registra la labor de un organismo que, en los últimos decenios ha tenido una gran importancia para los pueblos del subcontinente: el Celam, Consejo Episcopal Latinoamericano.
Una nota periodística de Alma Muñoz, publicada en La Jornada de México, da cuanta de la labor de unos talleres preparatorios de la próxima conferencia general del Consejo:
«Tras un seminario-taller sobre el modelo económico y estilos de desarrollo en la zona, que se realizó en los últimos días del mes pasado en Brasil -como parte de los trabajos hacia la quinta Conferencia General del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), a celebrarse en abril de 2007 en ese país, los prelados coincidieron en que la idea de desarrollo con una visión de empresa provoca que en cada nación haya ‘datos escandalosos que nos dejan fuera del cumplimiento de los objetivos del milenio (impulsados por la Organización de Naciones Unidas)’ para disminuir la pobreza a 50 por ciento para el año 2015.
Aunado a ello ubicaron las estructuras de poder, ‘violatorias de derechos fundamentales de la persona, sean ellos de primera, segunda o tercera generación’. Por ello, subrayaron que no pueden aceptar términos y políticas como la flexibilización laboral, en la cual ‘se le pasa al trabajador la cuenta de cobro por empresas estatales mal administradas. Menos todavía podemos admitir la prioridad que se está dando al capital sobre el trabajo'».
La nota de Muñoz agrega:
«Los jerarcas católicos de América Latina y el Caribe reiteraron su preocupación por las situaciones de desigualdad, pobreza, desempleo, subempleo, violencia, masivos movimientos migratorios en búsqueda de oportunidades, narcotráfico, injusta distribución de la riqueza y la exclusión que sufren grandes mayorías en nuestro continente.
Ante el número de población afectada, con el 44 por ciento de los habitantes del área viviendo por debajo de la línea de pobreza, y el 19.4 en pobreza extrema, es decir en indigencia, insistieron que en los tiempos actuales ‘muchas poblaciones empobrecidas y excluidas anhelan ser protagonistas de su propio desarrollo, pero al mismo tiempo experimentan la necesidad de tener claridad de los pasos a dar hacia un desarrollo auténticamente humano e integral'».
Los obispos latinoamericanos han demostrado más de una vez ser buenos observadores de las realidades que los rodean. La instancia prevista para 2007 será, a no dudarlo, de gran importancia como una de las miradas que importan en la formación de opiniones avanzadas en nuestra región. *
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