Evo Morales no agrada a los poderosos
En esta nuestra América Latina, agobiada por severos e inaplazables problemas económicos y sociales, en los últimos meses no hay una semana o un día en que no se difunda una información trascendente. Algo ha terminado y nuevas realidades pugnan por aflorar.
Desde hace unos días la atención de buena parte del mundo se viene orientando hacia el gobierno boliviano presidido por Evo Morales, líder del Movimiento al Socialismo, que obtuviera un fenomenal apoyo ciudadano en las últimas elecciones nacionales de Bolivia.
Evo Morales, líder popular, presidente legítimo de los bolivianos, gobernante cuidadoso de las normas constitucionales de regulan su país, no termina de gustar en Europa y en algunas esferas del Estado brasileño.
Morales ha actuado de acuerdo a sus compromisos pre-electorales y de acuerdo a los resultados de la consulta popular que, en julio de 2004, mostró que más del 89% del la ciudadanía apoyaba la nacionalización de los hidrocarburos mediante referéndum.
La nacionalización resuelta por Morales no agrada a las grandes empresas petroleras que se han beneficiado del estatuto de privilegio del que gozaron bajo los gobiernos anteriores y que lo hicieron en perjuicio de la economía boliviana. De la economía esencial boliviana, es decir la que se identifica con los intereses del pueblo del altiplano.
De acuerdo a lo que informa la prensa internacional, en Viena, Morales protestó porque el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero «no cumplió su compromiso de doblar la ayuda ni de condonar la deuda».
Morales no citó a España ni a Brasil entre los países que ayudan «incondicionalmente» a Bolivia, pero sí mencionó a Venezuela, Cuba, Dinamarca y Japón. Insistió en que había empresas que «no respetaban las leyes de Bolivia. Hay compañías que no pagan impuestos y son contrabandistas», añadió, aludiendo a acusaciones que se formularon contra Repsol-YPF. Reiteró que Petrobras había incurrido en evasión fiscal y que había «trabajado ilegalmente» en Bolivia.
«Recuperamos unos recursos que fueron enajenados mediante contratos ilegales. De los 70 contratos ninguno fue ratificado por el Parlamento y por tanto son inconstitucionales», señaló. Insistió en defender la decisión soberana de su país, de la cual no tenía que dar cuentas a nadie. «Bolivia era antes tierra de nadie y ahora es tierra de los bolivianos, especialmente de los indígenas», señaló.
También anunció que se pondrá en marcha una reforma agraria y advirtió que iba a expropiar grandes latifundios, especialmente los improductivos, lo que afectará a propietarios de producciones de soja de Brasil.
José María Vera Villacián, director de Estudios de Intermon-Oxfam, afirma en un artículo en Cinco Días que Repsol tiene una posición dominante en el mercado de los hidrocarburos bolivianos con un 30% del total del sector en el año 2001. Indica que directivos de la empresa han manifestado que por cada dólar invertido en Bolivia se han ganado 10, cuando la rentabilidad óptima en este sector puede ser de 1 a 5 e incluso de 1 a 3. Además, las privatizaciones iniciadas en 1996 a favor de las empresas extranjeras, han priorizado las exportaciones por lo cual la ciudadanía se ha visto obligada a comprar el gas a precios internacionales, que en muchos casos ha resultado prohibitivo para el sector más pobre de la sociedad.
Según este artículo, los puestos de trabajo creados son mínimos y las actividades de exploración y explotación han generado numerosos y graves impactos ambientales y sociales, al desarrollarse en parques naturales y tierras habitadas por poblaciones indígenas. La compensación a las comunidades locales por el daño infligido -en palabras de Vera Villacián- ha sido «…voluntaria, económicamente irrelevante, y los primeros análisis sobre la calidad del agua en estas zonas arrojan resultados preocupantes sobre su impacto en la salud».
La decisión de Evo Morales es un ejemplo de dignidad y de reafirmación de la soberanía. *
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