Testigo privilegiado de hechos trascendentes
El 8 de diciembre de 1966 la ciudadanía uruguaya reformaba la Constitución, estableciendo que el directorio del Banco de Previsión Social debía estar integrado por cuatro representantes designados por el Poder Ejecutivo y tres electos por trabajadores, empresarios y jubilados, respectivamente.
En enero de 1992, me convocó Pepe D’Elía para plantearme la necesidad de formar un equipo de trabajo que representaría a los trabajadores, a partir de ese año, en el directorio del BPS. De la «conversa» surgió el nombre de quien 13 años después sería presidente del BPS. No le erró el Pepe. Quedaba demostrada una vez más su sabiduría de vida. Desde entonces, andamos entreverados en la misma causa con Ernesto Murro. Coincidiendo, discrepando, mirándonos de reojo a veces, pero juntos.
El 7 de octubre de 1992, ¡habían transcurrido 26 años de incumplimiento! de lo resuelto en aquel plebiscito de 1966 (no es sorpresa: 90 años de vigencia tiene la ley de 8 horas y aún no se cumple totalmente; demoró 26 años a partir de su creación en 1966, para ser puesto en práctica el Consejo Nacional de Economía, accedían al directorio del BPS tres queridos amigos (repito: queridos amigos), en representación de trabajadores, empresarios y jubilados: Héctor da Prá, Luis Colotuzzo y el propio Ernesto. Tuve el honor de estar en ese día histórico. Seguí trabajando junto a ellos. Asesoré a los dos últimos durante mucho tiempo, además.
El 29 de marzo de 2005, ¡otra sorpresa mayúscula! Nueva satisfacción: en nombre del P. Ejecutivo tuve que dar posesión de sus cargos a los actuales representantes políticos en el BPS. Fundamentalmente al Presidente, que no era otro que aquel respecto del cual habíamos conversado con el Pepe en el verano del 92.
El 4 de mayo de 2006, 30 años después del plebiscito de 1966, me tocó nuevamente como ministro (i) de Trabajo y Seguridad Social, estar en el momento en que asumían los nuevos directores sociales, ahora electos por la ciudadanía. Sentados a la mesa estábamos quienes habíamos formado parte durante años del equipo que representaba a los trabajadores en el BPS. Cuatro directores: Ernesto Murro, Ariel Ferrari, Heber Galli y Luis Casares. ¡La vida seguía dando sorpresas! Inauguré la parte oratoria y no podía dejar de expresar que estaba entre amigos. ¡Vaya si lo estaba! Estaban además Geza Stari y Armando Cuervo, amigos además, pero con los cuales no he tenido el gusto de trabajar. En cuanto a la contadora Elvira Domínguez, ya nos iremos conociendo.
Además de esta pequeña historia personal, ¿qué puedo decir? Que se consolida un hecho que nos enorgullece como uruguayos: la plena participación de la sociedad expresada mediante las elecciones del 26 de marzo en la gestión del principal organismo administrador de la Seguridad Social, y la profundización del diálogo social. Y no va en desmedro de las designaciones de directores que se hicieron en el pasado. Por el contrario, estas últimas demuestran pragmatismo y flexibilidad. ¡Bien a la uruguaya!
¡Cuánto favorece el diálogo, la coordinación institucional y la adopción de medidas de gobierno, trabajar junto a un directorio integrado por representantes con los cuales la relación ha sido y es tan rica!
Quienes hablamos el 4 de mayo en el salón de actos del BPS, destacamos la influencia de las políticas sociolaborales en la disminución de la informalidad, el aumento de afiliaciones y recaudación en el BPS. Esto es: C. de Salarios, fomento de la negociación colectiva y aumento del salario real.
A lo cual no es ajena la mejora de gestión del BPS y las coordinaciones institucionales entre el BPS, la Dirección General Impositiva y la Inspección General del Trabajo y Seguridad Social. Pero esta es otra historia. Indudablemente he sido testigo privilegiado de muchos hechos relevantes para el trabajo y la Seguridad Social del país. *
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