Resabios del Plan Cóndor

Por estos días, los resabios del Plan Cóndor nos han devuelto a todos hacia un decenio atrás. Las fallas del stablishment provocaron que el sistema colapsara hacia mediados de 1993, tal cual viniera comentándolo en reiterados artículos acerca del «affaire Berríos». Anteriores, suficientemente anteriores, al desenlace de la última interpelación. Detalle no tan menor: hasta las «actas secretas» del Senado fueron falsificadas… Sí, falsificadas, pues también comete falsificación documentaria «El que destruyere, ocultare, suprimiere en todo o en una parte un documento o un certificado auténtico…» (vide art. 244 Cód. Penal). La misma que si otorgare una mendaz, a tal grado que «…será castigado con las penas que el Código establece para la falsificación de tales documentos» (ídem).

El reciente «descubrimiento», esto es el de la desaparición u ocultamiento de tales «Actas secretas», tornaría  habida cuenta de su ininterrumpida continuidad- reprensibles tanto el hecho de la desaparición-falsificación originaria como el ulterior encubrimiento del nuevo delito. Recién ahora ha salido a la luz pública que, salvo el Ministro del ramo, prácticamente todos estaban al tanto del Operativo Berríos. Jefe de Inteligentzia, subjefe, comandante en jefe, presidente, etc.

El hecho no me sorprende, pues si ha habido secretaría de Estado en donde las falsificaciones documentarias formaran parte de los juegos de «inteligentzia» y «contrainteligentzia», heredados del «Proceso cívico-militar» aún avanzada la etapa democrática, esta ha sido y sigue siéndolo el stablishment del MDN. Entre otros damnificados por estas desapariciones, cuento en mi haber un recurso que se esfumó entre la ex DNC, Unidad Ejecutora de dicho Inciso y las dependencias de tal Ministerio. Aunque lo denuncié formalmente, las anteriores jerarquías cívico-militares jamás se encargaron de darle trámite.

El atentado contra el juez Mirabal se inscribe en esta quinta dimensión, en la que hay quienes siguen pensando que la crueldad de la guerra es algo normal. Así pues, ha de concluirse en que aún hoy hay quienes han seguido jugando con ciertas malas costumbres heredadas de la dictadura. La gran lección de la interpelación, frustrada por KO, ha sido dejar al desnudo a más de un civil. ¿Cómo ha sido posible que las «Actas secretas» del Senado, de 1993, desaparecieran  es decir, fueran falsificadas- por aquellos jerarcas castrenses o quienes les sucedieran? Imposible… sin la colaboración de uno o más civiles.

Se está, pues, ante otra «asignatura pendiente», pues el descubrimiento de la falsificación documentaria en el seno mismo del Parlamento, impune durante casi 13 años, cuestiona  cual granada de fragmentación- múltiples procederes. Nada pudo ser producto de la casualidad…

Aunque al presente, quien presumo fuera autor, coautor, cómplice o encubridor de aquella falsificación documentaria está siendo sumariado en la órbita de la Ursec, lo cierto fue que ostentando  el sí una equiparación castrense- se prestó a consumar o encubrir tal delito. Todo con un agravante: a su calidad de funcionario equiparado a capitán, sumaba la de escribano público. *

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