En el clímax del conflicto a Argentina le quedan pocos aliados
Néstor Kirchner está molesto con Tabaré Vázquez porque, por diversas causas, nuestro Presidente le restó protagonismo en el Mercosur. Un Presidente uruguayo que fue recibido con los mayores honores en México la primera economía latinoamericana – y que en EEUU es halagado con el galardón de haber retirado a Uruguay de la lista negra de los países que ponían reparos al tema de los derechos de autor de las patentes.
Es un escenario internacional que Kirchner no tiene, porque sólo Brasil lo escucha, y el liderazgo de Lula parece reducirse ante el ímpetu de los petrodólares que está poniendo en todos lados el venezolano Hugo Chávez, que a la vez de participar en «cumbres» con Argentina y Brasil, mantiene buenas relaciones con Uruguay y los otros socios menores del Mercosur, desconformes con el funcinamiento del acuerdo regional.
Bush aguarda a Tabaré Vázquez pasado mañana para acordar políticas que todavía no se explicitaron, pero que seguramente redundarán en otro crecimiento de las exportaciones uruguayas. Quien escucha al ministro de Economía, Danilo Astori, decir que estamos «ante una coyuntura que no debemos desperdiciar», lo que no explicita en su valor, pero que se intuye en su sustancia, podemos intuir cómo se están haciendo las jugadas.
El argentino Kirchner no puede ni siquiera pisar México ni entrar en la Casa Blanca después del escándalo de Mar del Plata, donde los desplantes del presidente argentino fueron insólitamente agresivos e inesperados en contra los mandatarios que representaban a esos países.
«Brasil sondeó ante Kirchner la posibilidad de una reunión del Mercosur para tratar el ilegal corte de los puentes protagonizado por los piqueteros de las 4 x 4 en Gualeguaychú, y Kirchner explotó en un «no». «Y Brasil decidió esperar que otra ofuscación atempere la actual ofuscación del presidente argentino», dice Joaquín Morales Solá en su columna de La Nación.
Los intercambios verbales entre Kirchner y Vázquez no fueron justamente amables en ningún caso, lo que es una mala novedad ya que los presidentes deben ser parte de la solución y no del problema. El grado de la inservible tensión es ya insoportable, entre los dos gobiernos, y las salidas al conflicto aparecen cada día como menos claras.
Kirchner había prometido no hablar del conflicto de las plantas de celulosa ni agitar a los asambleístas de Gualeguaychú, pero está hablando de Uruguay todos los días, agitando aun más a la mediatizada sociedad del litoral, multiplicando el chauvinismo, en contra de la necesaria concordia que se debe reestablecer entre los hermanos separados por el río.
Pero el diputado kirchnerista Jorge Argüello, sólo memorable por «sus sucesivas y contradictorias lealtades», protagonizó el acto de mayor hostilidad contra Uruguay que nuestro gobierno debería responder de alguna manera. Dijo –con una torpeza fuera de toda medida– que viajaba a Washington para embarrar la cancha de los créditos de las papeleras en el Banco Mundial.
Este es un panorama difícil, que muestra a una Argentina sola en una posición que no puede sostener mucho tiempo más, con un Mercosur que se desgrana rápidamente y un Brasil, pese a los esfuerzos que hace Lula, que está perdiendo su «natural» liderazgo en el continente.
Es evidente que la próxima jugada vendrá desde el gobierno Uruguay, y Argentina, por más que no convoque a la reunión del Consejo del Mercosur, tiene en su contra un laudo histórico, de la mayoría de los países, en favor de la posición contraria a la ilegalidad que representa el corte de las rutas
Es que Kirchner está quedando solo, pese a la momentánea guiñada de Brasil. Porque, por más que quiera, no pueden sumar a la misma a Venezuela.
Sería otro despropósito. *
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