Un Primero de Mayo especial
La conmemoración del Día de los Trabajadores que tendrá lugar mañana es la segunda que se realiza bajo una administración de gobierno de izquierda, cuando ha transcurrido un año y dos meses desde que el doctor Vázquez asumió la presidencia.
Durante ese lapso, la clase obrera uruguaya vivió la experiencia de actuar, de movilizarse, de reclamar y de acordar en condiciones muy diversas de aquellas a las que estaba habituada a hacerlo. Se trata de un aprendizaje, sin duda, pues si bien por un lado los asalariados mantuvieron su enfrentamiento histórico con la clase empresarial, desde el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social –y desde el gobierno en general– pudieron contar por vez primera con una actitud mucho más comprensiva y dispuesta a atender sus reclamos. No en vano numerosos legisladores del partido de gobierno, así como unos cuantos jerarcas de la nueva administración tienen una larga trayectoria en el movimiento sindical; no en vano, asimismo, el programa de gobierno de las fuerzas de izquierda se nutrió de innumerables propuestas provenientes de la Central Sindical. Puede decirse que hay una abrumadora mayoría de coincidencias entre el proyecto de país impulsado por el gobierno y el reclamado por las organizaciones de trabajadores.
La política de relaciones laborales llevada adelante por la administración Vázquez ha apostado claramente a revertir la tendencia desreguladora y flexibilizadora que los gobiernos anteriores se empeñaron en consolidar. Al contrario de lo que había venido sucediendo en los últimos años, el gobierno actual ha mostrado una manifiesta voluntad de rescatar y redignificar al trabajador, auspiciando la sindicalización de los asalariados de manera de fortalecer la actividad gremial y de redotar al movimiento sindical de las herramientas apropiadas en sus justos reclamos y reivindicaciones.
Un somero repaso de las principales medidas adoptadas por el gobierno en el correr de su primer año de gestión avala las afirmaciones precedentes: derogación del decreto que habilitaba a la Policía a desalojar las empresas ocupadas; instalación de los Consejos de Salarios, con lo que el salario real comienza a exhibir un repunte; Ley de Fuero Sindical; son todas medidas que han tenido un efecto innegable y que apuntan al bienestar de los trabajadores.
Parece claro que las políticas diseñadas en materia social, laboral y económica son las adecuadas para paliar –y más tarde, derrotar– los efectos devastadores del modelo de país perseguido por los gobiernos anteriores. Decimos esto porque la redignificación del trabajador no pasa exclusivamente por medidas concretas específicamente dirigidas a mejorar su condición.
El proyecto de país productivo va en sentido inverso del modelo de paraíso fiscal o país de servicios propuesto por la derecha neoliberal. Dijimos en un editorial reciente comentando la caída del índice de pobreza:
«No es poca cosa. El gobierno actual se ha planteado nada menos que la apuesta a un modelo opuesto. Desde luego –huelga aclararlo– que el Frente Amplio y sus aliados no accedieron al gobierno con un programa revolucionario que propusiera desplazar la propiedad y otorgar ‘todo el poder a los soviets’. Y si bien una parte considerable de los partidos y sectores que conforman la coalición de izquierdas adhieren a los principios socialistas, el socialismo en Uruguay no está planteado como meta a corto ni mediano plazo; entre otras cosas, porque la actual coyuntura internacional en plena globalización no es favorable a cambios radicales inmediatos».
Los sindicatos uruguayos parecen haber comprendido la situación y, sin abdicar de sus banderas y reivindicaciones históricas, están exhibiendo una saludable madurez que los lleva a no generar conflictos innecesarios que podrían entorpecer una acción de gobierno claramente dirigida a satisfacer sus aspiraciones. *
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