Nostalgia social
José Luis Sampayo Pírez
En estos días y como consecuencia de la llegada de la fecha de un evento netamente comercial, se ha repetido con insistencia la palabra nostalgia. Es para algunos una simple oportunidad de recordar algo y que equivocadamente lo relacionan con un hecho alegre, como el que dio motivo al invento a que aludimos antes. Sin embargo, la definición exacta de la palabra es «pesar que causa el recuerdo de un bien perdido», es decir, tristeza por la inexistencia de algo querido, que puede simbolizarse en esa definición de «bien perdido». Sin dudas que los uruguayos tenemos motivos de sobra para ser nostálgicos. Pero por bienes perdidos como nación, como hijos de una patria que nos hace aún sentir orgullosos y que nos hace vivir y morir arraigados a este suelo como parte de nuestro ser. Muestras tenemos a diario. Es difícil comparar el apego del uruguayo a su tierra, sus costumbres y sus cosas, con el de otra gente.
Nuestro país ha perdido muchas cosas y entre ellas un sistema político respetable donde sus integrantes, muchas veces opuestos en radicales confrontaciones ideológicas, eran indudablemente dueños de una catadura moral intachable. Las actitudes del político tradicional se ubicaban muy lejos del juzgamiento dudoso de la ciudadanía y a ninguno se le pedía cuentas de cómo había evolucionado su riqueza (o su pobreza), durante el período en que había desempeñado puestos de jerarquía dentro del Estado. Hoy sentimos nostalgia por aquello que es ni más ni menos que «pesar por un bien perdido».
Pero añoramos otras cosas y entre ellas un país de trabajo en el que un padre de familia, obrero o empleado, sentía que la entrega de su sudor era retribuida no solamente con un sueldo generalmente digno, sino con el respaldo de un sistema de seguridad social, que tenía un contingente de normas que regulaban un amparo que brindaba seguridad y confianza al beneficiario. La esclavitud estaba cada vez más lejos y el respeto por el motor de un país, su gente, estaba plasmado en una normativa que era ejemplo en muchos aspectos imitados por otros estados.
También de esto sentimos nostalgia, más que por un bien perdido, por un bien robado. Día a día, los trabajadores de este Uruguay sufren impotentes las decisiones políticas de quienes mezclan intereses bastantes turbios con decisiones de gobierno que están bajo sospecha, desde el momento en que siempre favorecen a los sectores que más tienen.
Lo que hoy está sucediendo en el Senado argentino, gestor de medidas muy similares a las que aquí se están aplicando contra el trabajador desde hace ya tiempo, está dejando en evidencia que la corrupción es muy amiga de los actos de gobierno. Aquí se está desarmando todo el sistema regulador de las condiciones de trabajo; ello nos hace pensar que tanta dedicación por la desregulación, que hasta ahora nada ha arreglado a no ser aumentar el desempleo para un lado y el lucro para el otro, puede obedecer, de acuerdo a resultados cada vez más pesimistas que se evidencian, a intereses que poco tienen que ver con mejorar la situación de la mayoría de la gente. Todo ello aumenta la nostalgia, pero además de sentir pesar por el bien perdido, también sentimos pesar por el mal presente.
* Integrante del Equipo de representación de los Pasivos en el BPS
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