Las ONG, la sociedad civil y las verdades inmutables

Esteban Valenti

En su edición del 18 de agosto de 2000, Brecha reproduce, de «Jornada» de México, un artículo de James Petras bajo el título «El efecto desmovilizador. Las dos caras de las ONG», que incluye, entre otros, los siguientes conceptos:

«Las ONG se convirtieron en el rostro comunitario del neoliberalismo y se relacionaron con los de arriba, completando su labor destructiva».

«En realidad las ONG no son ‘no gubernamentales’, reciben donativos de gobiernos extranjeros o funcionan como agencias subcontratadas por gobiernos locales».

«Contra la noción de responsabilidad pública las ONG fomentan la idea neoliberal de una responsabilidad privada hacia los problemas sociales y la importancia de los recursos para resolver estos problemas. De esta manera las ONG imponen una doble carga sobre los pobres: pagar impuestos para financiar un Estado neoliberal que sirve a los ricos; y autoexplotarse de manera privada para satisfacer sus propias necesidades».

«Muchos líderes y militantes de las ONG son ex marxistas o postmarxistas». «Para los ex izquierdistas, el antiestatismo es el pasaje que les concederá el tránsito ideológico de la política de clases y de desarrollo comunitario hacia el neoliberalismo».

Este muestrario de sus ideas sobre el tema no está destinado solamente a las ONG mexicanas, en el marco de la campaña electoral del electo presidente Fox. Sus implacables sentencias abarcan el orbe y en particular América Latina.

Cuando una visión del mundo tiene sólo dos componentes contrapuestos, y su principio político se basa en considerar enemigos a todos los que no comparten la visión del autor se hace muy difícil discutir o analizar. En esos casos la realidad, en su complejidad, matices y contradicciones no existe. No es el punto de referencia: sólo debe adecuarse al pensamiento dominante. De lo contrario, no existe.

Obviamente, en ese plano de muro contra muro, las ONG son una «rara avis» que rompe el esquema, y a las que deben atribuirse las peores culpas, hay que desprestigiarlas política y moralmente. Estas visiones suelen referirse a su irreconciliable enemigo, aun en las más virulentas diatribas, manteniendo una cuota de respeto, de odio admirativo. No sucede eso con las ONG: ellas merecen ser desenmascaradas ideológicamente, descalificadas moralmente.

Comencemos por la realidad. Las sociedades de este nuevo siglo serían diferentes si no hubieran existido y existieran las ONG. Es innegable el papel de defensa de los derechos humanos que jugaron las ONG locales con el apoyo de ONG de todo el mundo durante las dictaduras en América Latina, como Amnesty International. Fueron factor esencial en la denuncia de los crímenes y atropellos y salvaron muchas vidas.

Siguen siendo hoy un factor independiente de vigilancia, de compromiso y de militancia a favor de los derechos humanos.

En la defensa y promoción de la paz, de la cultura de paz, las ONG han jugado y siguen jugando un extraordinario papel activo: de denuncia, de educación, de formación y de acciones concretas, que arriesgan la vida de muchos voluntarios.

El mundo sería humanamente más pobre sin «Médicos sin fronteras», sin Greenpace, o la Comisión para la creación del Tribunal Penal Internacional.

La lucha por la democratización de la información, que enfrentó a las grandes transnacionales monopolizando lo fundamental de la información, en estos últimos 30 años clave, no habría sido posible sin la cooperativa de periodistas internacionales IPS, otra ONG, junto a muchas organizaciones actuando en este frente.

La lucha de las mujeres por sus derechos, sus avances, sus conquistas, el crecimiento cultural de todas las sociedades en torno a este tema vital en el destino de la humanidad se nutrió esencialmente de las organizaciones no gubernamentales femeninas.

En el Uruguay, concretamente, las ONG hacen diariamente un aporte fundamental en los sectores juveniles e infantiles más desprotegidos, tomemos por ejemplo el Movimiento Tacurú, y otros tantos que componen una lista interminable. Es lógico, en la visión de Petras, la atención a los niños y jóvenes y niños en situación de calle, o sin perspectivas laborales, marginados, sólo pueden esperar el gran momento de la redención final, total y absoluta.

Tampoco es cierto que se limiten a trabajar para aliviar los graves problemas sociales, analizan, denuncian, estudian, buscan y aportan ideas y proyectos. En nuestros países las ONG representan un punto de referencia para el estudio y el análisis con un profundo sentido crítico en el plano cultural, político, histórico, artístico, educativo, social.

Las grandes conferencias internacionales organizadas por las Naciones Unidas, vale decir por los gobiernos de las naciones, sobre temas clave como la ecología, la cumbre social, sobre la mujer, o los temas de población, vivienda, etcétera, contaron con «conferencias paralelas» de las ONG que se constituyeron en la conciencia crítica y social, haciendo aportes fundamentales.

Las ONG han constituido ese complejo y heterogéneo tejido de gente comprometida, empeñosa, llena de ideas fermentales, que además de cumplir misiones específicas también contribuyen al funcionamiento de la propia sociedad en forma organizada y participativa. Son un factor real y vivo de la democracia y de la sociedad civil.

El principal capital de las ONG es el aporte militante y voluntario de sus miembros, sin lo cual nada sería posible. Es verdad que reciben aportes de organismos regionales e internacionales para desarrollar proyectos sociales, culturales, productivos, edilicios, hasta financieros (bancas populares). Por cierto que este mundo sería más pobre en humanidad, sensibilidad social y solidaridad sin las ONG. Lo que tenemos que lamentar es que los países desarrollados hayan reducido de manera ostensible el porcentaje destinado a la cooperación internacional y que esto haya afectado dramáticamente a las ONG.

Las ONG de los países del norte y del sur actúan en muchos casos en forma conjunta creando redes y proyectos comunes, lo que también enriquece un tejido de relaciones y de solidaridad mutua.

Que muchos militantes de la izquierda marxista, ex marxista o no, actúan en las ONG, es cierto. Petras debiera sondear más la realidad y preguntarse por qué. Claro que es más fácil descalificarlos, destruirlos con la ex comunión. Además de atribuirse el derecho de tribunal inquisidor y distribuir calificativos de ex. En las ONG actúan además sectores mucho más amplios, cristianos, laicos y el más amplio espectro cultural y político.

¿No será que esa gente, alejada de la política, o mejor, de los partidos, buscó un camino para expresar sus valores, sus ideas y encontró en las ONG, una forma de luchar de sensibilizarse, de actuar, de pensar, de compartir? Naturalmente no sustituye a los partidos políticos, pero en la acusación de Petras existe, velado, el intento de atribuirles a las ONG, la responsabilidad de la actual crisis de participación de muchos partidos de izquierda.

Para las visiones en blanco y negro, sería mucho mejor que estas personas no existieran, que se hubieran diluido en la muda masa anónima a la que hay que conquistar con verdades inmutables. Los que no hablan y supuestamente tampoco piensan y no actúan, esos sí tienen un lugar cómodo en el mundo simple de Petras.

No queremos sumarnos a esa visión absolutista y lineal, por lo tanto tampoco pretendemos santificar todas las ONG. Como en todas las cosas humanas, hay mejores, buenas y de las otras. Pero no podemos eludir el fenómeno general, en el cual son factor relevante de expresión de la sociedad civil. Como tales, las seguimos con atención y simpatía.

 

* Analista político

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