LA LENGUA NO ES DE TRAPO

Barbarismos varios

Durante el feriado de Semana de Turismo (no la llamo así por ateo sino porque es el nombre oficial del feriado de que disfrutamos el primer domingo de luna llena después del 25 de marzo. ¿Qué te voy a cobrar por el dato?.) tuve oportunidad de oír y leer varios barbarismos de los que alguna vez me ocupé en esta columna pero que se repiten obstinadamente.

Oyendo el pronóstico del tiempo, me llama la atención que cuando se habla de la velocidad y la dirección del viento se dice, por ejemplo: «los vientos soplan desde el sureste a quince kilómetros en la hora». Ignoro de dónde salió la maldita costumbre de este trueque de preposiciones, pero el hecho es que cuando se trata del viento, zácate, a los locutores radiales se les ocurre que «queda mejor» decir en en lugar de por. Si normalmente decimos que está prohibido circular por la carretera a más de 90 kilómetros por hora, o que el motor del taladro eléctrico gira a tres mil revoluciones por minuto, ¿por qué diantre nos hablan del viento soplando a 20 kilómetros en la hora? ¿O dirán, acaso, que tal jornalero gana doscientos pesos en el día? En fin.

En la radio (y en la televisión también) fue común oír decir que la de ayer es la primer extradición de militares concedida por el gobierno uruguayo. Se olvida frecuentemente que el adjetivo cardinal primera no pierde la vocal final en ningún caso como sí lo hace el masculino. Decimos acto primero y primer acto, pero lo correcto es escena primera y primera escena; del mismo modo que tercero y tercera: el msculino pierde la o final cuando antecede al sustantivo pero el femenino no pierde la a final aunque preceda al sustantivo. Diremos por tanto, el primer amor, el tercer tomo, pero la primera oportunidad y la tercera línea.

Pasando de los medios audiovisuales a la conversación con los vecinos, me enteré de que al día siguiente de una comilona para celebrar las pascuas, uno de ellos estaba con un terrible ataque al hígado. Después de lamentar el hecho, le dije que en realidad tenía un gran ataque de hígado y que en todo caso, el ataque al hígado se había verificado la víspera, cuando él mismo lo atacó mediante una feroz empanada gallega rociada con abundante vino blanco y remató el pantagruélico festín con un enorme huevo de pascua. Cuando algún órgano acusa malos tratos o sencillamente manifiesta alguna dolencia, solemos decir que sufrimos un ataque de y no un ataque a. Decimos que estamos al borde de un ataque de nervios o que no pudimos celebrar el casamiento porque nos mató un violento ataque de tos. Usted, caro lector, me retrucará que nadie dice que Fulano sufrió un ataque de corazón sino un ataque al corazón. Es cierto, pero lo verdaderamente correcto en este caso es hablar de un ataque cardiaco.

–Mire, Mendieta, para el ataque de hígado hepático, no hay nada mejor que una amarga con vermú…

–¡Qué lo parió! *

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