Cuando la noche y la niebla van quedando atrás

Noche y Niebla» fue una de las denominaciones de la gran operación de exterminio perpetrada por los nazis contra el pueblo judío. Contra otros grupos étnicos como los gitanos, contra los pueblos, como el soviético, que resistieron su agresión militar y contra los militantes comunistas de las resistencias antifascistas de Europa.

También, el intento de exterminio de los gloriosos guerrilleros antifranquistas que, terminada la guerra civil española cruzaron los Pirineos para enrolarse en los movimientos partisanos que, en desigual combate, luchaban contra la brutal y eficiente maquinaria de guerra montada por el nazismo.

El sentido, en el horror, de la expresión «Noche y Niebla», para denominar a la operación de exterminio en los campos nazis, del que fueron víctimas millones de hombres, apuntaba a lograr que el crimen se diluyera, como las brumas de la noche al amanecer. Como la niebla, ante el sol.

El dictador argentino Jorge Rafael Videla retoma esa intención. La expresión «no están muertos, no están vivos, están desaparecidos» es heredera de aquella denominación siniestra de los nazis. Con el pragmatismo inhumano del exterminio, la Junta Militar argentina pretendió eludir la existencia de caídos, de hombres y mujeres muertos en la represión. Se prefirió el expediente hipócrita de la desaparición-forzada. Sin restos humanos, sin tumbas, sin duelo, sin reconocimiento de la humanidad de los vencidos, de sus familiares y allegados.

La noche y la niebla eran la coronación exitosa del exterminio de los resistentes y los opositores. Una «eliminación», como registran los documentos recientemente desclasificados en las oficinas de Washington, sin costos políticos. Y con los réditos suplementarios del desconcierto, la angustia y la paralización que, suponían los déspotas, neutralizaría a los familiares y allegados de las víctimas.

Imaginada así, la desaparición forzada, seguida del silencio, era todo ganancia para los operadores del terrorismo de Estado.

Pero ese sistema de mentiras no se sostuvo. Hubo fuerzas, aquí, allá y más allá, que rompieron con los códigos del silencio y el amansamiento. Las Madres de Plaza de Mayo, entre las cuales y desde las primeras horas también desfilaron Madres y Familiares de Uruguayos Desaparecidos en Argentina, mantuvieron encendida una llama de dignidad y de coraje.

Y esa llama, que los regímenes despóticos del Cono Sur procuraron apagar, en la negrura de la noche y de la niebla, esa llama empezó a iluminar. Para dentro y para fuera de la Argentina bajo dictadura. Hacia adentro y hacia fuera del Uruguay bajo el terror y el dolor.

La prolongación del silencio en Uruguay fue el resultado no de una sino de muchas operaciones políticas. Durante decenios se operó desde el Estado, ya en democracia, para mantener lo que se denominó eufemísticamente, la caducidad de la pretensión punitiva del Estado. Prolongar en «no se sabe nada acerca de los desaparecidos». Extender el silencio, la noche y la niebla sobre lo sucedido, aún cuando eso horrorizara por su crueldad, como los asesinatos, el robo de niños, las torturas hasta la muerte.

Fue necesario que accediera al gobierno una nueva fuerza política para que los mitos acerca de la posibilidad de saber se empezaran a disipar.

La plana mayor de los dirigentes políticos, una buena parte de los operadores mediáticos del país conservador y autoritario, se esforzaron por hacernos creer que no solo la injusticia sino también la verdad eran imposibles.

Finalmente se entró a los predios de las Unidades militares donde, contrariamente a lo que se había declarado en testimonios oficiales, había efectivamente indicios poderosos de la existencia de restos humanos provenientes de aquellos años.

Se lograron los primeros hallazgos y la serena e intensa emoción del pueblo mostró hasta qué punto aquellas viejas heridas seguían doliendo. Y hasta qué punto se sentían los avances en las búsquedas como una reparación, como una reconquista y hasta como una victoria popular.

En ese cuadro se inscribe la histórica jornada de ayer, cuando viajaron a Chile, como correspondía, los tres militares requeridos por los magistrados de aquel país. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje