Los vascos y la paz

El único documento o expresión pública sobre la propuesta de tregua de ETA, aparte del pronunciamiento del movimiento revolucionario vasco, es el llamamiento público del Lendakari Ibarretche. El mismo, sin perjuicio de ser como corresponde un gran compendio de expresiones de deseos y llamados a la concordia, comprensión y paz, puede dejar entre líneas y con el margen de error natural, algún margen para deducir posiciones y conclusiones. Entre las premisas fundamentales, el Lendakari hace un llamado a todas las partes en disputa de la sociedad vasca. Hay 50 años de lucha.

No es un día, y han pasado varias generaciones de muertes, persecuciones, exilios y crímenes que por añadidura tienen varias centurias de enfrentamientos bélicos con los rencores y diferencias sustanciales correspondientes.

No olvidar, y esto es fríamente objetivo, que los vascos son milenarios y son vascos «a secas». No reconocen más allá de lo legal, ser intrínsecamente españoles o franceses. Miles de años antes que Francia o España existieran como naciones, los vascos eran libres y soberanos en sus montañas pirenaicas. Analicemos, entonces, salvo noticias de último momento. ¿En qué «aflojan» los vascos y en qué «afloja» el gobierno español? En las palabras de Ibarretche, al final hay un mensaje que subliminalmente inspira a conclusiones prometedoras.

«En el Acuerdo por Normalización (así lo llama) es tiempo que la sociedad vasca pueda decidir, en paz y libertad, su propio futuro» (sic.). Dice bastante. En todas las anteriores tratativas o proposiciones de paz (KAS entre otras) entre Herri Batasuna o ETA de entonces y el gobierno español, incluyendo Argel, chocaban las aspiraciones vascas de soberanía e independencia contra España que obviamente las negó, de plebiscitos exclusivos de Euskadi, como era obvio, libre, en elección de esa normativa.

Era obvio también que Madrid no corría riesgos que una elección libérrima en Euskadi fuese ganada por el nacionalismo que es amplia mayoría, obligándolos internacionalmente a situaciones libertarias que no quería. Sin perjuicio de complicaciones futuras como eran y son las catalanas que «renguean» para similar lado y están en acecho «vichando» lo que pase con los vascos, que hacen «punta».

De allí las expresiones de Ibarretche del contacto y acuerdo necesario e indispensable entre todas las fuerzas políticas sin exclusión en una mesa de Partidos para alcanzar acuerdos integrados para la normalización consiguiente sea sometida a consulta popular. Y esto está muy bien. Ha corrido mucha sangre y es hora, para la paz debe haber siempre hora, de concordias. Habrá que dilucidar sobre los presos políticos que son muchísimos. Porque bueno es aclarar que aunque se publiciten por los imperios a sus respectivas oposiciones de «terroristas», en los hechos estas guerras han sido y son libertarias. Los iraquíes, afganos y palestinos no son terroristas por luchar por su petróleo, gas natural, soberanías y libertades. Tampoco las más de 70 intervenciones a sangre y fuego realizadas en los últimos 100 años en Latino Indo América en defensa de la «democracia». E instalaban dictaduras en sus territorios al servicio de Washington. Y en el caso de los irlandeses y vascos, miles de años más viejos que los imperios que los rodean, ni siquiera dieron excusas. Se les invadió por la razón del más fuerte y chau.

O sea, en esta oportunidad, en la que nuevamente puede caber una esperanza real creíble, pues son los propios guerrilleros y el Lendakari quienes anuncian y avalan la noticia e imponen una esperanza para que la madre patria vasca logre la mayor libertad posible. ¡Bien se la merece esa, aunque pequeña pero milenaria, noble y terca Nación que durante 50 años hoy –y cientos alternadamente– han dado la mejor sangre de sus hijos para lograr una Ikurriña libre y soberana flamear en los picos pirenaicos. ¡Gora Euskadi Askatuta! *

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