Poniendo la casa en orden
En los últimos días la población ha podido tomar conocimiento de una serie de estudios realizados por el Instituto Nacional de Estadística referidos a los resultados de las Encuestas de Hogares, con aplicación de una nueva metodología más precisa, y que han permitido hacer estimaciones precisas acerca de una serie de temas que preocupan a nuestra sociedad: los índices de indigencia, los guarismos que registran el número de pobres, cómo se proyectan los indicadores de indigencia y de pobreza sobre las distintas franjas de edades y especialmente en los niños y demás.
Otros trabajos están permitiendo calibrar los perfiles actuales del problema de la ocupación, tanto en calidad como en cantidad. La cuestión de la calidad del empleo reviste una importancia grande en un país donde la precarización del trabajo alcanzó niveles muy altos en los últimos años.
Comentando los trabajos del Instituto de Estadística, Silvina Panizza, experta del sector privado, comenta en Crónicas Económicas: «El INE también publica datos que refieren a la calidad del empleo, por ejemplo, el subempleo. Dentro de los subempleados se distinguen dos tipos: subempleo por horas trabajadas y subempleo por calificación. El último comprende a aquellas personas ocupadas, que tienen un trabajo o realizan tareas no acordes a su calificación. El INE releva solamente el primer grupo y para esto define como subempleado a aquella persona ocupada, que trabajando menos de 40 horas semanales, manifiesta el deseo de trabajar más horas y está disponible para hacerlo.
La tendencia anterior dejaba en evidencia un deterioro en lo que respecta al subempleo ya que los datos a fines de 2005 mostraban que un 17,5% de los ocupados pertenecían a la categoría de subempleados, mientras que a fines de 2004, esta cifra se situaba en un 15,2%».
Con la nueva metodología, agrega Panizza glosando los resultados obtenidos por el INE, los datos muestran que al inicio del año en curso, el subempleo alcanzaba el 14,4% de los ocupados. Considerando que las modificaciones introducidas van en el sentido de obtener resultados más representativos, esto constituye un dato más que positivo, si bien aún no es posible afirmar que se está frente a un cambio en la tendencia previa.
La categoría de «empleo precario» releva a los ocupados del sector privado y asalariados que no tienen en su trabajo una cobertura por el sistema de seguridad social o que están buscando otro trabajo dado que el suyo es poco estable. Las últimas tendencias sugieren una reducción del empleo precario. A fines de 2004, un 39% de los ocupados tenían este problema, mientras que, a fines de 2005, esta cifra es del 37%.
Con la nueva metodología, los datos a enero de 2006, muestran que un 35,5% de los ocupados entraría en la categoría de empleos de este tipo. Este también constituye un dato muy positivo, en el que la tendencia es de esperarse que siguiera a la baja.
En otro orden resultan de mucho interés los datos aportados por el Ministerio de Trabajo en lo que tiene que ver con la regularización de afiliaciones al Banco de Previsión Social. Según una nota de Lucía Baldomir, en el diario El País, durante el año pasado el BPS registró 160.000 afiliaciones nuevas (130.000 desde la asunción del nuevo gobierno), según Murro, una cifra récord que también derivó en un aumento en las inscripciones ante las AFAP en 27.326 personas. Asimismo la Caja de Jubilaciones y Pensiones de Profesionales Universitarios cerró el año con 35.727 afiliados activos, 1.947 (5,7%) más que en 2004 y con el crecimiento mayor desde 2002 cuando las afiliaciones cayeron un 7,2%.
Los sectores en donde se produjo mayor formalización son la industria y el comercio, según el presidente del Directorio del BPS, Ernesto Murro. Se trata de datos auspiciosos que muestran el acierto de las políticas diseñadas y llevadas a cabo por el gobierno progresista en áreas de particular sensibilidad social. *
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