Un gran avance para la enfermería nacional

En el curso de la pasada semana, casi sin que trascendiera a la opinión pública, el Presidente de la República firmó el decreto que reglamenta la Ley que dispone el pasaje de la ex Escuela de Sanidad, dependiente del Ministerio de Salud Pública, a la órbita de la Universidad de la República con destino, como es lógico, a la Facultad de Enfermería.

Culmina así un largo proceso iniciado por las autoridades del entonces Instituto Nacional de Enfermería asimilado a Facultad de la Universidad de la República, que a lo largo de los últimos años han realizado numerosas gestiones a nivel de organizaciones políticas, sociales, gremiales y con las autoridades nacionales, que han culminado finalmente con todo éxito.

La actual Facultad de Enfermería forma Licenciados.

La Escuela de Sanidad tenía a su cargo la formación de Auxiliares de Enfermería.

El Instituto Nacional, actual Facultad de Enfermería, tenía desde hace años, el objetivo de asumir la responsabilidad de tomar a su cargo y de normalizar y supervisar a nivel nacional, la formación de licenciados de enfermería y de auxiliares de enfermería, que deben actuar en el ejercicio práctico en forma coherente, respondiendo a una misma concepción de la Enfermería como disciplina universitaria que integra el área de la salud.

Esa unidad en la formación de recursos de enfermería, crea posibilidades para desarrollar un proceso escalonado de formación, según el cual la carrera de Auxiliar se desarrolle de tal manera, que permita que el graduado pueda luego, si le interesa, continuar la carrera de Licenciado.

En este campo, es necesario clarificar el significado de ambos términos.

Licenciado de Enfermería es el profesional universitario formado para asumir la responsabilidad de la atención de enfermería, dentro del equipo de salud. Corresponde a lo que la población y muchos médicos siguen llamando «la nurse», utilizando el término inglés con el que se le identificó en 1912 cuando se formó, siguiendo el modelo inglés, la antigua y primera «Escuela de Nurses Dr. Carlos Nery».

Cuando en 1950, la Universidad de la República fundó la Escuela Universitaria de Enfermería, los graduados pasaron a llamarse Enfermeros (Universitarios). Lógicamente, la Universidad no podía dar un título con un nombre inglés. Con el desarrollo de la profesión, esos profesionales actualmente se gradúan con el título de Licenciados de Enfermería. Es una carrera cuyo plan de estudios establece 4 años y medio de duración, a un régimen muy intensivo que incluye unas 4.300 horas de estudio y de práctica, en diferentes centros asistenciales, centros de estudio y centros de trabajo.

Como complemento a la formación de Enfermeras Universitarias, cuando se inauguró la Escuela Universitaria de Enfermería, también se organizaron a nivel universitario, cursos para formación de auxiliares de enfermería. Hasta entonces, salvo los auxiliares formados en la Escuela de Sanidad, los llamados «enfermeros» se formaban únicamente a través de una práctica empírica, sin responder a ningún plan, en los servicios de Salud Pública.

Licenciados de enfermería (las llamadas «nurses») y auxiliares de enfermería (los llamados por muchos «enfermeros»), asumen roles diferentes, responsabilidades distintas pero complementarias, no siempre conocidas y debidamente jerarquizadas.

El licenciado de enfermería, (naturalmente que nos referimos genéricamente a hombres y mujeres), es reconocido universalmente como un componente esencial en el proceso de atención a la salud. A tal punto que sin su participación, no se puede hablar de atención integral a la salud.

En nuestro país, tanto al nivel público como al nivel privado, existe una escasa participación de enfermeras profesionales, al nivel de los hospitales públicos, como de los sanatorios privados. Esta es la insuficiencia más importante que se registra en materia de recursos humanos, a nivel del Sector Salud: la escasez de enfermeras profesionales, es decir, de licenciadas en enfermería. Y esta circunstancia limita el alcance de la atención y rebaja la calidad de la atención. Y constituye una limitante importante, en los cambios que es necesario implementar en el modelo de atención.

En un documento de la Organización Panamericana de la Salud de 2001 titulado «Servicios de enfermería para contribuir al logro de la equidad, el acceso, la calidad y la sostenibilidad de los servicios de salud», se presenta la situación en una serie de países, como Canadá, Estados Unidos, Cuba. Estos países, como se señala en otro documento de la OPS del año 2003 sobre Indicadores básicos, cuentan con un índice de 97,2 enfermeras por 10.000 habitantes para afrontar la asistencia de los programas sanitarios, mientras que nuestro país tiene 9 enfermeros cada 10.000 habitantes.

El estudio realizado en Estados Unidos en 3.100 hospitales por Hartz y colaboradores, (citado por OMS en 1998), mostró que las instituciones que tenían un buen porcentaje de enfermeras generales y una alta razón de enfermero por paciente, tienen comparativamente tasas menores de mortalidad.

En una próxima nota, continuaremos el abordaje de tan importante asunto. *

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