Azúcar: gran negocio para pocos
El ingeniero agrónomo Eduardo Errea considera que el precio del azúcar, impulsado por la producción del etanol, o combustible vegetal, es el más alto de los últimos veinte años y que «estos altos precios vinieron para quedarse», en virtud de que están siendo impulsados por la suba del petróleo.
También –y fundamentalmente– agrega la información que todo el sector azucarero y aquellas empresas que se reconvirtieron durante el proceso de eliminación de parte de las plantaciones de caña de azúcar en el norte del país recibieron, entre el año 2000 y el año 2005, ¡ 102 millones de dólares !, «los cuales salieron de los gravámenes que se aplicaron al consumidor final del producto», ergo, a toda la población. De ser cierta esta información estamos ante un engaño – por calificarlo benévolamente – perpetrado impunemente, contra el trabajo de miles y miles de uruguayos y contra el bolsillo de toda la población, durante años y años, por lo menos veinticinco años. Todo el proceso de desmantelamiento de la agroindustria azucarera, ideado en el cónclave cívico militar de San Miguel, puesto en práctica durante la dictadura y culminado en plena democracia con los gobiernos que antecedieron al actual, tuvo como consecuencia la liquidación de la fuente de trabajo de decenas de miles de compatriotas y el enriquecimiento de operadores empresariales ligados al poder político, conducido por militares asesinos o por políticos demócratas, que a los efectos en el tema fue lo mismo.
Tenemos la obligación de luchar contra el «Uruguay de Las Láminas», honrando sí los contratos, pero mirando fundamentalmente hacia el país productivo, ese que no se puede encaminar apostando en el agro a un solo rubro salvador, como históricamente ha sucedido, con la carne, con el trigo, con la propia caña y/ o remolacha, como sucede ahora con la soja, con los eucaliptos, etc. Quienes pergeñaron la desaparición de la agroindustria azucarera son precisamente quienes se han llenado la boca con el verbo «honrar», que no existe en el Código Civil, nuestra máxima ley para los contratos. Cumplir es el verbo adecuado. Honrar, se honra a la patria o a la madre. Sin duda que, hasta los vocablos se han tergiversado para engañar y mentir a la población.
Si la cifra de 102 millones de dólares, salida de los bolsillos de los consumidores, es correcta, mucho tendrán que «cranear» economistas y ministros, para tratar de explicar lo inexplicable. ¿Por qué se desmanteló la agroindustria azucarera? ¿Para beneficiar a un puñado de personas? ¿Por qué el Uruguay es el único país en el mundo, por ejemplo, que no planta remolacha azucarera, teniendo condiciones para hacerlo? ¿Por qué nunca se le hizo caso a la Comisión Especial del Senado que, en el año 1985, ya proponía implementar un proyecto de producción de carburante nacional a partir de los cultivos sacarígenos, planteándolo como «Política de Estado», y definiendo dicha propuesta como de «alta política»? ¿Por qué en el ínterin dejaron reducir a chatarra los ingenios? ¿Por qué no intentaron seguir modestamente a Brasil con su programa «Proalcool», mantenido contra viento y marea, aún cuando el precio del petróleo estaba en baja? ¿Por qué cometieron la felonía de regalar el ingenio de Arinsa a un empresario ligado al Partido Colorado para que lo desguazara y vendiera como chatarra? ¿Por qué dejaron morir «El Espinillar»? ¿Por qué el mentado proyecto «Sucroalcoholero» será implementado solamente sobre la base de la caña de azúcar, cultivo que no admite rotación y que requiere cada vez más inversiones, en un área de no más de 50.000 hectáreas, saturadas de fertilizantes y plaguicidas? ¿Por qué no se ha pensado también en la remolacha azucarera y el sorgo dulce para complementar dicho proyecto? ¿O piensan que «Las Láminas» es la excepción? ¿No irá también por ahí la generalización de la situación? *
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