Hacia el necesario debate educativo
Entre el fárrago de noticias vinculadas con el candente asunto del conflicto binacional por las plantas de celulosa, una información de enorme importancia pasó casi inadvertida.
Sólo LA REPUBLICA destacó el hecho con la jerarquía que merece al dedicarle la portada de su segunda sección, Comunidad, en la edición de ayer.
El martes 4 quedó instalada la CODE (Comisión Organizadora del Debate Educativo) que tendrá como misión promover debates, foros, mesas redondas e instancias de diálogo con diversos actores sociales y con la población en general de los cuales surjan ideas, propuestas y proyectos tendientes a mejorar la enseñanza, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo, de modo de lograr la democratización del sistema educativo.
Más de una vez nos hemos referido a este tema señalando que la educación es otra de las tantas asignaturas pendientes, y que era menester promover un gran debate nacional que arrojara luz sobre las metas que debe perseguir el sistema educativo en una sociedad democrática pero con graves problemas socioeconómicos.
Debemos saludar esta iniciativa del gobierno –concretamente del Ministerio de Educación y Cultura–, pues es el primer paso hacia una reforma en la enseñanza que conduzca a la construcción de un sistema educativo eficiente. La idea del gobierno progresista, enunciada por el vicepresidente de la República, Rodolfo Nin Novoa, es que la proyectada reforma educativa sea fruto de la participación ciudadana. Que no sólo los técnicos y los actores directamente vinculados a la tarea educativa sino también la gente, el ciudadano común, pueda participar y exponer sus inquietudes, sus puntos de vista, sus experiencias, en un enriquecedor ejercicio de democracia participativa.
Varios son los desafíos que debe asumir el gobierno y que las administraciones anteriores prácticamente soslayaron. Asuntos tales como la universalización de la educación inicial, cómo disminuir la brecha socioeconómica en los aprendizajes, cómo enfrentar y revertir la tendencia a la deserción escolar, la laicidad, la incorporación de valores morales y cívicos, la democratización de la enseñanza superior y un sinfín de temas serán motivo de intercambio de opiniones, de confrontación de propuestas, de análisis y reflexión.
Para que esta enunciación de propósitos no quede en letra muerta, se instrumentarán diversos medios para establecer comunicación con la población. Desde la dirección de correo electrónico, pasando por el teléfono hasta la convocatoria a asambleas, se han previsto todas las instancias posibles para hacer efectiva la participación ciudadana.
Más allá de problemas urgentes cuya solución pasa por asignación de recursos no siempre disponibles –hablamos de carencias locativas, de grupos superpoblados, de falta de material didáctico, etcétera– la educación necesita un aggiornamiento. Eso nadie lo duda. No obstante, conviene tener cuidado de no caer en extremos y no perder de vista que –sin descuidar el aprendizaje de destrezas útiles y atendiendo a las innovaciones tecnológicas– la educación debe apuntar a formar ciudadanos libres y con espíritu crítico. Por ello, es preciso jerarquizar los contenidos humanistas de la enseñanza. Es necesario profundizar la enseñanza de disciplinas que no tienen –aparentemente– utilidad práctica pues no garantizan la obtención de un puesto de trabajo.
Estamos de acuerdo con que sería disparatado que para llenar una vacante en una empresa de seguridad se exigiera a los aspirantes conocer el canto cuarto de La Eneida o las reflexiones de Heráclito. Pero si a lo que se apuesta es a la formación integral del individuo y no a fabricar meros engranajes de la maquinaria productiva, la educación no puede desatender esos aspectos. *
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