LA LENGUA NO ES DE TRAPO

No me cambien el género

Las elecciones italianas traen –además de la expectativa de que Berlusconi deje de hacer estragos– algunas sorpresas. La más impactante es la candidatura a la Cámara de Diputados de un(a) miembro del Partido Refundación Comunista que, nacido varón, se considera mujer, se cambió el nombre y se viste como una fémina; es una mujer en un cuerpo de hombre. Esto provocó la violenta reacción de Alessandra Mussolini, nieta del Duce, quien no vaciló en afirmar, a los gritos «Â¡Prefiero ser fascista y no marica!».

Pero en fin, no voy a tratar en esta columna dedicada a problemas de lenguaje un tema ajeno al idioma. Me propongo, simplemente, abordar el problema de la transexualidad de las palabras, concretamente de los sustantivos.

Todos los sustantivos tienen género. Decimos el diario y la revista, la copa y el vaso. El diccionario se ocupa de ilustrarnos al respecto, colocando una eme o una efe después de cada nombre sustantivo y antes de darnos la definición.

Hay algunas palabras, empero, que son bisexuales –o, como dice el diccionario mediante una a, de género ambiguo– es decir, que admiten los dos géneros; es el caso de mar, interrogante, calor, azúcar, etcétera, que tanto da tomarlos como masculinos que como femeninos; por más que algunos sostengan que decir la calor es incorrecto, la Academia sigue admitiendo su ambigüedad, y, sobre todo en poesía, es frecuente que aparezca. Al respecto, vale la pena recordar el poema de Rafael Alberti que dice «Se equivocó la paloma. Creyó que el mar era el cielo, que la noche era mañana; que las estrellas rocío, que la calor la nevada…».

Pero a lo que no tenemos derecho es a travestir las palabras y hacerlas cambiar de género así como así, y decir, por ejemplo, fui a la almacén o andaba con un bronquitis bárbaro. Y menos que menos, como hacen algunos sistemas de atención sanitaria, que han resuelto que sus policlínicas son policlínicos, en una transexualización inexplicable.

Con ser esto grave, no es todo. Porque hay un tercer grupo de palabras cuyo significado varía según estén en masculino o en femenino, por lo que no es indistinto usar uno u otro género; el cólera no es lo mismo que la cólera, ¿verdad? Es el caso de editorial: en masculino (un editorial) significa «artículo de fondo no firmado», es decir la nota periodística que refleja la opinión del medio de prensa; en femenino, en cambio, (una editorial) es «casa editora», o sea una empresa dedicada a publicar fundamentalmente libros.

–Diga Mendieta, si tienen los dos sexos, estas palabras son hermafroditas, ¿no?

–¡Qué lo parió! *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje