Al rescate de los postulados de la Cepal

La inauguración del trigésimo primer período de sesiones de Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) fue la oportunidad elegida por el Presidente de la República para reiterar lineamientos de fondo acerca de los objetivos centrales de su gobierno. Para Vázquez «el desarrollo que desatienda las necesidades de la gente no puede considerarse como tal».

Históricamente, la Cepal desarrolló un pensamiento que consiguió un amplio eco en las elites políticas y empresariales latinoamericanas de los años sesenta. Su propuesta ponía el énfasis en el desarrollo de reformas infraestructurales, el desarrollo del mercado interno y de la educación como factor primordial del desarrollo económico. El pensamiento «desarrollista» tuvo brillantes expositores tanto en Brasil y Argentina como en Méjico y, de un modo u otro, varios gobiernos parecieron inspirarse directamente en el reformismo desarrollista ideado en la Cepal.

Retomando algunos de los hilos del pensamiento «cepaliano», en su alocución el presidente llamó a construir un mundo mejor, con otros puntos de vista que los que pretende imponer el pensamiento único.

En una referencia dirigida a los países centrales, sostuvo que «ya que tanto admiran la variedad cultural y creatividad artística latinoamericana y caribeña que, por lo menos toleren los intentos de cambio en clave de soberanía, democracia e igualdad, porque ello refleja la búsqueda al desarrollo humano». En ese sentido agregó que los pueblos latinoamericanos no están condenados a 100 años de soledad, y, aunque lo estuvieran no hay razón que justifique tal condena.

Tampoco hay razón que justifique la resignación o la renuncia a imaginar las cosas distintas, a imaginar que la gente en estos países puede vivir mucho mejor, porque hay que imaginar que los niños pobres no pueden morir de hambre, y ese es el desafío.

Tenemos que soñar con un mundo nuevo, para poder cambiarlo y construirlo, comentó Vázquez, mientras recordó que, a pocos metros de donde se desarrolla la reunión de Cepal, en plena zona céntrica de Montevideo, existen lacerantes contrastes socioeconómicos.

Para cambiar las cosas hay que imaginarlas distintas, agregando que él se imagina un Uruguay con cifras de mortalidad infantil que bajen a menos de un dígito, cada mil niños nacidos. Por otra parte, dirigiéndose a los participantes les pidió que se imaginen las cosas distintas, porque en América Latina, dijo, se pagó caro al rendir culto al pensamiento único y no tener imaginación para pensar en un mundo mejor, y lograr una mejor calidad de vida para la gente.

La líneas generales del pensamiento de la Cepal suponían un giro nacionalista y progresista en la conducción de la economía y en las políticas sociales de los países latinoamericanos.

En gran medida los esfuerzos desplegados por Juscelino Kubischek y Joao Goulart en Brasil, así como durante el gobierno de Arturo Frondizi en la Argentina se toparon con la resistencia enconada de los grandes grupos económicos y los propietarios de las grandes extensiones de tierra. Tanto Goulart como Frondizi fueron depuestos por golpes militares de extrema derecha que contaron con el apoyo de la diplomacia estadounidense.

En la actualidad, las propuestas sociales y económicas de matriz cepaliana encuentran un campo más propicio en la medida que el neoliberalismo, que se le oponía con tenacidad, ha conducido a las economías y sobre todo a las sociedades latinoamericanas, al borde del caos y la desintegración. Es en sintonía con ese planteo alternativo al neoliberal que elaboró su discurso el presidente Vázquez. *

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