Una causa nacional
Con razón ha sido destacada la presencia del gobierno y de todo el arco político en la misa que rindió homenaje a la memoria de Wilson Ferreira Aldunate a los 18 años de su muerte, acaecida el 15 de marzo de 1988. En efecto, la ceremonia cumplida en la Parroquia de los Vascos al anochecer del miércoles pasado desbordó ampliamente los marcos de su partido en un acontecimiento nacional.
Lo que unía a gente de dispares tendencias políticas que estaban allí codo con codo era ante todo la imagen de Wilson como luchador de primer plano contra la dictadura. Y simbólicamente el homenaje se rendía al día siguiente de la marea humana que recorrió la capital acompañando a los restos de Ubagesner Chaves Sosa, episodio que reveló ante la conciencia de todos los uruguayos que esa dictadura mató, torturó, robó niños, ocultó cadáveres hasta que la lucha unida del pueblo reconquistó la democracia.
En la parroquia, en medio de los cantos litúrgicos, cada uno habrá sentido afluir los recuerdos de acuerdo con sus vivencias. Por mi parte, rememoré las conversaciones con Wilson en Buenos Aires, en un apartamento de la calle Lavalle, acompañando a Alberto Suárez, entre otros. Luego, las horas azarosas antes e inmediatamente después de los asesinatos de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, en que salvó su vida por un pelo. Siguió el extenso período de las actividades conjuntas en el exilio, para denunciar a la dictadura criminal en todas partes. De una u otra forma, estos y otros jalones de la lucha antidictatorial impregnaban el espíritu de la reunión.
Lo que no he visto ni oído destacar como se lo merece, en mi opinión, fue la alocución, en un paréntesis de los coros bellamente ejecutados, del sacerdote celebrante. Fue una peculiarísima amalgama de conceptos religiosos, derivados luego hacia consideraciones de orden político y social. Desde luego, era imposible referirse a la rica trayectoria vital de Wilson Ferreira sin incursionar de lleno en los temas políticos, ya que él fue un animal político en el cabal sentido de la expresión, un apasionado hombre político de todas las horas y en los múltiples ámbitos de su actuación. El disertante subrayó, en ese plano, su capacidad y empeño por alistarse y defender lo que a su juicio constituía una gran causa nacional.
Era natural que ello se vinculara, en el espíritu de los integrantes del auditorio, a circunstancias dramáticas de la vida del país, en las cuales dejó su impronta una actitud bien definida de Wilson Ferreira, con todas sus derivaciones en el campo político y también de la ética. Estos episodios y las polémicas derivadas están integrados a la historia de estos tiempos revueltos y a la vez augurales. Pero era igualmente natural que la invocación a una gran causa nacional se trasladara, en el ánimo colectivo, a las circunstancias que hoy vive la República.
En tal sentido, dicha mención a la causa nacional, en el actual momento, refleja el sentir ampliamente mayoritario de la sociedad uruguaya, implica una excelente y fundada proyección a la realidad que nos angustia. La figura homenajeada, su ideario y su conducta, habrán hecho reflexionar a todos los presentes. Ojalá así sea. *
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