Bordaberry sólo merece el olvido
A más de treinta años de los acontecimientos, que sin duda fueron dolorosos para todos, creo que podemos ponernos de acuerdo en una cosa, los primeros de la década del setenta fueron trágicos para el Uruguay y la región.
Ninguno de los principales protagonistas de ese tiempo salen bien librados del juicio histórico, si se analiza con detalle y objetividad sus actuaciones en esa época. ¿Todos fueron malos? ¿Tenían intenciones perversas? Por supuesto que no. A veces las circunstancias se dan de esa forma y es muy difícil marginarse de procesos de ese tipo.
Tal vez nadie quedó peor que Juan María Bordaberry. Los políticos más importantes del Partido Colorado de entonces, llegaron a Presidencia décadas después. El que le precedió en el mando, Jorge Pacheco Areco, siguió siendo una persona escuchada y atendida y fue reconocido por muchos hasta el momento de su muerte.
La vida no le dio la oportunidad a Wilson Ferreira -sin duda una injusticia del destino- de llegar a la Primera Magistratura. Pero vaya si recibió de vuelta al país muestras de apoyo y agradecimiento por parte de casi la unanimidad de la ciudadanía.
El Frente Amplio llegó al poder. Los dirigentes tupamaros están en el gobierno, y son Ministros y legisladores.
Todos a su turno, nos guste en unos casos y otros no, tuvieron la posibilidad de ser reivindicados. Incluso algunos que apoyaron, con tremendo equívoco en mi concepto, el «golpe de Estado», creyendo que era necesario. Que la crisis era de tal magnitud que resultaba imposible superarla dentro del régimen institucional. Pudieron luego integrarse a la vida del país desde la política u otros sectores de actividad. Por supuesto, estos últimos no pensaron que «fundaban un régimen», sino que desde una situación transitoria y excepcional hacían una contribución al país.
El único que se perdió en el razonamiento y la especulación, fue Juan María Bordaberry. Ni las Fuerzas Armadas ni los civiles que apoyaban el gobierno le acompañaron. Quedó solo desde entonces. Cometió una falla ética que mereció hasta el momento el repudio del conjunto de la sociedad.
Por supuesto que todo el mundo tiene a derecho a pensar como le parezca. Es verdad. Lo inadmisible es llegar a la Presidencia por voto popular, el mayor homenaje que puede hacerle un país a ciudadano alguno, y luego decir que el régimen por el cual se accedió al poder es malo, debe ser eliminado y sus soportes básicos, los partidos políticos, erradicados de la faz de la tierra.
Eso los uruguayos no se lo toleramos a Bordaberry. Y tan es así que desde entonces, y hace de esto más de treinta años, ha vivido solo, aislado, sin ser aceptado por grupo o sector alguno, en la intimidad de su familia.
Es el único de los protagonistas de aquellos agitados tiempos que debió soportar esta situación, sin duda la más dolorosa de todas. Desde Pacheco a Mujica -dicho, claro está, sin comparar a estas dos personas- todos tuvieron un lugar en la sociedad luego de esos sucesos. Bordaberry ninguno.
No sé qué edad tiene este señor. Pero o supera los ochenta años o esta cercano. ¿Qué sentido tiene a estas alturas ponerlo preso? ¿Qué peor condena puede tener que la que ya le dio el conjunto de la sociedad? ¿Para qué hacerlo una víctima ahora, cuando es una persona de edad avanzada?
Con todo respeto a las decisiones que pueda tomar el Poder Judicial, pensamos que es un error la prisión. En definitiva, no sé si todos tenemos el derecho a ser perdonados, pero sí, en casos como estos, la obligación de ser olvidados. A veces eso es peor que la condena.
No vamos a ser mejores o peores, nada cambiará, con poner preso o dejar en la libertad de su hogar a Bordaberry. La vida seguirá transcurriendo para los uruguayos de hoy con nuestras inquietudes, logros y dificultades. Nada de ello pasa ya, por suerte, por este señor. *
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