Papeleras: las cosas que no debieron hacerse

En las sucesivas decisiones erróneas tomadas respecto al tema de la «pasteras» estuvo y está el motivo por el cual la cosa desembocó en un callejón sin salida.

-Una decisión tomada por el gobierno de Batlle, inconsulta con los vecinos y con sus conciudadanos, como todas aquellas tomadas por los «dueños del país», para «embretar» al nuevo gobierno «de izquierdas».

-Una continuación decidida por el nuevo gobierno, que mientras fue oposición, y al sólo efecto de captar voluntades votantes, mostró una «mala cara» aparente al proyecto, asumido como parte de la «herencia maldita», pero a la luz del camino elegido por el supremo decisor económico, avalado por el Presidente, se quedó sin recursos para inversiones públicas, a raíz de la voluntaria y deliberada parte «del león» consagrada a los acreedores internacionales. Como consecuencia irremediable de lo cual, parece ser que cualquier inversión privada sirve, por riesgosa que esta nos aparezca.

-Un uso particular, abusivo y cuasi totalitario del concepto de soberanía, que llevó al gobierno a la conclusión de que todo estaba en discusión en materia de «pasteras», menos la instalación y funcionamiento de las mismas.

-Una omisión contumaz del gobierno de Batlle y del que nos rige que los llevó a saltearse la consulta del tema en la natural comisión binacional, que le diera al asunto la seriedad y equidad que la coparticipación de los involucrados le hubiera dado.

-Los lamentables argumentos, inicialmente a cargo de voceros del Ministerio de Medio Ambiente, tales como «todo lo que el hombre hace, contamina» o «los argentinos se oponen porque no les ofrecieron la inversión a ellos…»

-La falta de argumentos serios y de peso que llevaron a la necesidad de involucrar a figuras prominentes y a desprestigiarse, presumiblemente «inspiradas» por el gobierno para salir en su defensa con argumentos tales como: A Busti no se lo dieron porque «pidió una coima tan grande que los finlandeses no se la aceptaron. Lo de Busti es una venganza por esa negativa» (M. Benedetti). Habría que iniciar la instrucción del «manejo de armas» a los jóvenes uruguayos porque «a partir de ahora, la región se empieza a complicar» (J .Saravia. Senador del MPP). «La diplomacia piquetera, hasta ahora muy útil para agredir por sorpresa a países desprevenidos. Y lavándose las manos. Un mamarracho piquetero de índole «pilatista» al servicio de poderosos intereses económicos.» (E. Fernández Huidobro. Senador MPP). «El Uruguay sufre una inaceptable agresión patotera. Cerremos filas en nombre de la dignidad nacional» (V. Turiansky, ex legislador comunista y ex dirigente sindical).

-La desaconsejable manija dada, con el objetivo de conseguir el apoyo de algunos que podían estar en contra, embanderándolos detrás del fácil patrioterismo, con «jugadas» que poco aportaron al mentado diálogo, como la anunciada concurrencia a la colocación de las «piedras fundamentales» de las plantas, o la realización posible inmediata de un Consejo de Ministros en Fray Bentos…

-La unidad de «todo el espectro político» del país, incluyendo en él, la apriorística descontada aprobación de los «oligárquicos rosados» de siempre, entre los que se destaca muy especialmente la «desinteresada» opinión de Lacalle.

-La aparente molestia por la incidencia «no prevista» (?) de los piquetes entrerrianos. ¿Y qué esperaban, que se resignaran, y bajaran los brazos?

Toda esta espiral llevó como de la mano a un enfrentamiento, aparentemente no deseado. Salvo, claro está, si se tuviera por algunos partícipes y/o invitados de piedra, la escondida y oscura intención de sabotear definitivamente el Mercosur, convencidos de que su disfuncionamiento actual es irreversible, la superación de sus carencias imposible, y que estamos en condiciones de hacerle una guiñada (¿más?) al imperio.

¿Cómo se puede salir de la misma?

Ni con «soberana» soberbia ni con mensajes desafiantes, del estilo «barra brava», directos o mandados a decir.

Desandando, con humildad, el camino mal recorrido.

-1 Suspendiendo (o aconsejando que se vería con buenos ojos la suspensión), de las obras en transcurso, por un plazo prudencial que permita poner al frente de un estudio de posible solución del problema a una comisión tripartita, con técnicos e involucrados sociales de las dos partes, más un grupo de técnicos imparciales e independientes, que den garantías mutuas de que no se hará nada que pueda resultar dañino para el medio ambiente, más allá de lo razonablemente establecido universalmente (?) como límite.

2-Ello significa, «ipso facto», el levantamiento de los piquetes, por falta de causal para su mantenimiento.

3-Establecimiento, en ese plazo prudencial, se entiende, no necesariamente mayor a sesenta días, por parte de la comisión técnico-social, de las «reglas de juego» que darán garantía a los «ribereños» de ambas márgenes del garantido funcionamiento de las plantas, que incluirán las situaciones hipotéticas, ocurridas las cuales, el funcionamiento de las plantas sería definitivamente clausurado.

El gobierno deberá dejar definitivamente de andar a los «bandazos», dando a conocer por un lado declaraciones de buena voluntad para solucionar el problema por el único camino posible, del diálogo, y al mismo tiempo, a través de voceros oficiales u oficiosos, tirar nafta en el, lamentablemente, encendido y peligrosamente creciente incendio. *

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