Los casos de los Peirano y los Rhöm
Con la objetividad de a quien no le «duelen las prendas», comento y pregunto periodísticamente sobre algunos hechos que llaman mucho la atención y cultivan la curiosidad. No voy por cierto a defender a los Peirano que según la prensa y connotados hombres públicos, incluyendo al Presidente, fueron causantes obvios de la crisis a nivel de «default» del gobierno anterior con consecuencias también obvias posteriores. Pero tampoco los atacaría frontalmente por dudas que me asaltan significativas. Y aclaro, como profano en derecho, aun cuando fui avanzado estudiante de facultad en esa ciencia, tendría que basarme en resolución o cargos judiciales concretos como son las sentencias de técnicos en la materia, de jueces o vistas fiscales competentes. Y hace tres años y medio que están presos sin tener acusación fiscal alguna y por ende tampoco sentencia que concretó y demuestre los delitos cometidos. Se demuestra «bionomía» soltando delincuentes y presos en malón de las cárceles, muchos de los cuales demorados también por razón de lentitud judicial y con estos que desde el punto de vista de riesgos físicos no presentan similitud de riesgo, se sufre de «amnesia»? ¿Por qué están presos entonces?, ¿por presunciones? Por averiguación o presunción se puede estar un tiempo prudente, tal vez algunos meses, pero nunca tres años y pico. Agréguese como «frutilla al postre» que recientemente un juez prestigioso y reconocido como el doctor Euguren renuncie después de tres años y medio.
Sin aparentes, aunque es evidente que las tiene y deben ser razonables, razones visibles para Juan pueblo. Por lo menos, no es normal. Por más que las partes acusadas puedan cuestionar a los jueces, no es posible y no sucede como «costumbre» que cada vez que la «cara» del magistrado no le guste al defensor por ejemplo, el juez se tenga que mandar mudar por «delicadeza» o «sensibilidad». No sería buena práctica, se me ocurre. Tampoco olvidemos, que si pasa el tiempo, como en el caso de Marras, sin sentencias ni acusaciones fiscales, se destruye la presunción de inocencia, eso me arguyen. Y aparentamente les asisten razones. Los plazos se extienden tanto que se impone de hecho la culpabilidad. Pierde imparcialidad el juicio y por ende la justicia. Pero sobre estos hechos, buena cosa sería que a la opinión pública fuesen los juristas que las confrontan y comentaran. Periodísticamente no cabe otro tipo de apreciación que de carácter político, social o comercial, técnicamente hablando.
Pasemos a ellos. De la crisis de 2002 que colapsó poco menos que a todo el sistema bancario, prácticamente están todos libres los implicados. Menos los Peirano. Y para ser justos y objetivos, no fueron los únicos responsables de la crisis y sí los únicos que pagaron y saldaron importantes cantidades. O sea los presuntos delitos económicos producidos en el Banco Montevideo y en la banca nacional, se me informa que prácticamente están pagos con bienes inmuebles, acciones, bonos, dinero en efectivo y demás capitales de la familia entregados para saldar esas deudas. No estarían cubiertas en cambio, las de las islas Caimán.
Capitales en su mayoría orientales también que no se colocaron en el país en inversiones nacionales, producciones agropecuarias o industriales que desarrollarán y crearán fuentes de trabajo y prosperidad a la patria, sino en intereses usurarios fuera y lejos de todo control, responsabilidad y beneficios a Uruguay.
Tan infractores o delincuentes pueden ser banqueros del caso como los leoninos usureros que se llevan los capitales del país por ganancias espurias a colocaciones extranjeras a partidas. Si fuese cierto aquel adagio famoso de los «100 años de perdón», los Peirano hace rato que deberían estar libres. Pero como se ha dicho, no fueron solo los Peirano los causantes de la crisis bancaria.
Los hermanitos Rhöm hicieron lo mismo en el mismo tiempo y no se les ha podido rescatar ni un «maravedí». A nadie le pagaron nada como sí hicieron los Peirano. Uno fue detenido en Buenos Aires y lo dejaron libre. Capaz que está tomando un «cafecito» en Corrientes y Esmeralda lo más garifo. Y el otro, un fotógrafo avispado lo sacó haciendo footing en Washington para mantener la «línea». El Uruguay pidió en su momento tímidamente, que se le extraditara como correspondía. Tampoco «roncó» demasiado el gobierno anterior ni tampoco éste, que yo sepa. ¿Qué influencias hay detrás de estas personas, no sólo en lo interno sino también en el exterior? ¿La Argentina no le llevó el apunte y los yanquis menos, al exhorto que pidió y con sobradas razones el Uruguay? ¿Qué peso político, económico, o comercial, no me queda otro remedio que pensar así, que la «balanza» incluyendo la internacional, se inclina tanto para un lado y tan «poquito» para el otro, al punto tal que hasta ni se mencionan sus apellidos? ¿Nadie se acuerda de los Rhöm? ¿Nadie protesta ni se organizan algaradas y turbas como los Peirano cuando estos aparecen?
Claro, estos son uruguayos y las consecuencias quedan en casa y con los ajenos las consecuencias capaz que son distintas. Lo ignoro, pero no puedo dejar la suspicacia de lado. Unos pagaron económicamente sus culpas y no hay sentencias. Los otros ni un peso y están libres. *
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