Memoria española y uruguaya
Como se ha dicho a menudo, la historia de España en buena parte del siglo XX ha sido especialmente dolorosa: la persistencia de los factores conservadores tanto en la sociedad como en la cultura tradicional española fueron un obstáculo persistente para la modernidad que golpeaba las puertas de toda Europa.
Las dificultades para alcanzar la estabilidad que las democracias capitalistas de Occidente iban construyendo, el peso en el Ejército de concepciones mesiánicas, en las que los componentes religiosos del catolicismo preconciliar se combinaban con las concepciones autoritarias propias del estamento militar, hizo que el proceso de reformas democráticas y socialmente avanzadas, que tenían lugar en muchas de las democracias europeas después de la Primera Guerra Mundial, encontrara en España escollos persistentes.
El advenimiento de la Segunda República y el triunfo de un frente de izquierda fue enfrentado por las derechas españolas con el apoyo inequívoco y desembozado de los dos principales regímenes fascistas: la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini.
En julio de 1936 las derechas intentaron destruir a la república con un golpe de mano militar. Sin embargo, los republicanos y las fuerzas obreras y populares que alentaban los cambios sociales, culturales y políticos enfrentaron con valor «el alzamiento» de los «nacionales» acaudillados, entre otros, por el general Francisco Franco.
Ahogada en sangre la resistencia popular y republicana, el régimen fascista se entronizó en España hasta mediados de los años setenta cuando, a la muerte de Franco, el régimen dio señales de agotamiento y dio comienzo a la transición que restauró las pautas de funcionamiento democrático en el Reino.
La transición española se hizo ‘sin mirar hacia atrás’. Sin buscar a los desaparecidos de los derrotados durante la guerra civil. Sin examinar los yacimientos de restos humanos en las afueras de los pueblos donde fueron arrojados los cadáveres de los que enfrentaron al fascismo. Esos olvidados eran los mismos que, al otro lado de los Pirineos y en el Reino Unido y el resto de Europa, se homenajeaban como héroes de la resistencia anti-fascista y sus nombres, recobrados, daban y dan el nombre a plazas y calles.
La guerra civil española fue seguida con enorme interés y emoción por la opinión pública uruguaya. La mayoría de la población tenía una gran simpatía por la República a la que el fascismo asesinaba. No faltaron entre nosotros los exiliados políticos republicanos, muchos de quienes dejaron en la sociedad, la cultura y la familia uruguaya el testimonio de sus valores humanos y la riqueza del mensaje cultural del que eran portadoras.
Por esas y otras razones, la historia de la España contemporánea tiene para los uruguayos una sentida y emocionada gravitación. Una de las razones que explican la significación de esta singular e intensa exposición en el Centro Cultural de España en la calle Rincón de nuestra Ciudad Vieja.
El Centro Cultural de España ha inaugurado su hermosa Casa con una exposición plástica del fotógrafo Juan Angel Urruzola, un artista premiado, dentro y fuera del país, que ha mantenido a lo largo de los años una actitud permanente de lucha por la memoria, por la reivindicación de la identidad y de la significación política y ética de la saga de los desaparecidos. Tomando como base fotografías de desaparecidos españoles y desaparecidos uruguayos, Urruzola construye un mensaje intenso y radiante sobre la memoria de los pueblos.
Ha escrito muy bien María Urruzola: «Esa es la memoria que Juan Angel nos trae. La memoria de la lucha, de por qué y para qué, de individualidades que eligieron no ser individualistas. Sus miradas hasta ahora ausentes tienen que volver a ocupar un lugar en nuestra ciudad y en nuestras vidas. Juan Angel los restituye a nuestro entorno, para recordarnos que tenemos una deuda. No sólo con ellos sino con nosotros mismos, con este presente del mundo que todavía desgarra la dignidad, con esta sociedad que tolera la desigualdad, la explotación, la indignidad, la guerra, el sometimiento de muchos por pocos». *
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