Conflicto por la celulosa: detrás del ruido están "las estrellas"

En la tensión que existe entre Uruguay y Argentina, parece buena hora para preguntarse a quién le interesa que se peleen los hermanos, o a quién le viene bien empujar a alguno de ellos para que equivoque el camino al tratar de llegar al bosque. Parece que hay que andar con cuidado, porque el camino puede estar lleno de grandes y pequeñas trampas.

A esta altura, no parece demasiado racional considerar que la tensión generada entre los dos hermanos del Río de la Plata, se produce por el enojo de los vecinos ante la instalación en Fray Bentos de plantas de celulosa, al considerar ellos que más adelante pueden afectar el medio ambiente.

La verdad. Eso ya no se lo cree nadie. Tampoco los que en forma infantil y peligrosa están alimentando «campañitas» contra los vecinos del Río de la Plata.

Creo que las fuerzas principales en cada país debieran preguntarse si acaso no será bueno encontrar la respuesta a por qué se dejó llegar las cosas hasta aquí, y si atrás de este pequeño roce, aunque se trate a los gritos, no existirán otros intereses que estimulen las divergencias.

Quizás esos no resulten tan sanos como los de defensores del medio ambiente, entre los que se encuentran también todos los que buscan como solucionar el problema del hambre, que azota esta región y otras del mundo, desde hace años.

No soy de los que piensa que este conflicto «de baja intensidad» surge, se mantiene y aumenta por la sola voluntad de un grupo de vecinos que, aunque puedan estar bien intencionados, parecen ser pantalla de otras propuestas.

Desde hace varios años, el tema del agua, los puertos, y el tránsito para comunicar por diversas vías los países de la región, son centro de atención, pero también interés de muchos empresarios extranjeros y países muy poderosos.

Entre supuestos serios investigadores, se encuentran también los llamados «espías empresariales» que ya han realizado un estudio de las mejores condiciones y recursos que se pueden encontrar entre Paraguay y Uruguay, en el conocido proyecto de la Hidrovía, donde se involucra también a la Argentina y a Brasil.

Ahora, en esta situación, «casuísticamente» aparecen voces reclamando que Uruguay «abandone» el Mercosur y pase a la categoría de país asociado.

Un planteo caracterizado por la falta de seriedad y responsabilidad.

Sin duda, eso responde a la misma estrategia que pretende mantener el Mercosur solo en el ámbito del comercio, sin contenido político y social, lo que lo distancia de una verdadera integración como la que buscan los pueblos.

Los que piden ahora abandonar el barco de la integración en el bloque, son los mismos que rechazaban (o rechazan) el parlamento Mercosuriano, y los que llaman con fuerza a concretar acuerdos bilaterales con Estados Unidos, dejando de lado la propuesta de que las relaciones con los países poderosos fuera de la región se concrete en bloque.

Nadie puede llamarse a engaño. La unidad en la región es vital para el futuro de los países que la conforman, especialmente si hablamos del Cono Sur latinoamericano.

En esa unidad, la solidaridad y la colaboración, puede estar la única salida para los millones de pobres y hambrientos de Nuestra América, lo que a algunos no parece interesar demasiado.

Y aquí está claro que el único que está interesado en dividir a los países de la región es Estados Unidos, que busca a toda costa concretar acuerdos bilaterales para evitar que los socios se unan con el objetivo de defender mejor sus intereses.

Claro que sobre esto nadie se sorprenda si el presidente de EE.UU., George W. Bush, después dice que él «no tenía conocimiento» de lo que estaba sucediendo en esta región.

No es un extremismo de quien escribe; si aun dudan de esto, observen lo que sucedió hace solo unas horas en el país del norte, tan preocupado en «mantener informado» a su mandatario.

Según la información que surge en Washington, el pasado día 23, dice que la polémica por la venta de puertos estadounidenses a una empresa árabe llegó a su punto mas alto, al trascender que el presidente George W. Bush desconocía esa transacción, realizada al parecer mediante un pacto secreto.

Agrega la información que, hasta ahora, Bush se había mostrado como un férreo conocedor y defensor del traspaso de las operaciones de seis importantes terminales portuarias norteamericanas a la empresa Dubai Ports World, de los Emiratos Arabes Unidos.

Pero el vocero de la Casa Blanca, Scott McClellan, alegó que «el Presidente se enteró cuando vio la noticia publicada en los periódicos», aunque reconoce que no siente remordimiento sobre el proceso o la decisión resultante.

Por cierto, esa decisión pondrá en manos de la compañía árabe la administración de los puertos de Baltimore, Miami, Newark, Nueva Orleans, Nueva York y Philadelphia.

No caigamos en la trampa, y ubiquemos quiénes son nuestros verdaderos amigos, aunque algún otro nos trate de dibujar el futuro por otro camino, para que dejemos a nuestra familia y Patria Grande.

La unidad latinocaribeña es imprescindible para los pueblos.

Es hora  además- que las instituciones que representan el Mercosur, los sindicatos y académicos, y los organismos como la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), concreten acciones y coordinen reuniones en busca de salidas a la crisis.

Ahora, solo resta comentar que me sorprende el silencio de algunos analistas, mientras observo que otros prefieren apuntar sus miradas lejos, muy lejos de lo que sucede en la familia. *

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